La Policía calcula que hay 400 pandilleros pertenecientes a bandas juveniles en las calles de Madrid

  • El Ministerio de Interior vigila 620 bandas juveniles en toda España, de las que 88 son de origen latino
  • Generan miedo en las calles de las grandes urbes, luchan por el territorio y reclutan a niños de 11 años

Las reyertas pueden producirse con pistolas y machetes a plena luz del día y en zonas transitadas.

“Cuanto más jóvenes, menos miedo tienen a lo que hacen, más inconscientes son”, afirma un agente de la Policía Nacional experto en bandas mientras patrulla de noche uno de los barrios calientes de Madrid.

Son grupos extremadamente violentos que, según los agentes, ya han seducido a unos 400 chavales solo en la capital. Hay estudios que hablan de hasta 2.500 pandilleros en activo.

“Son grupos violentos juveniles, ya no son bandas latinas porque la gran mayoría son españoles, han nacido en nuestro país.

Estamos hablando no sólo de Latin Kings y Ñetas sino de Dominican Don’t Play (DDP) o Trinitarios, todas igual de violentas. Compiten por el territorio”, asegura Luis Balbín, jefe de la sección de bandas juveniles de información de Policía Nacional.

El Ministerio de Interior vigila a 620 bandas juveniles en toda España, de las que 88 son de origen latino. Sólo en la Comunidad de Madrid, la Policía Nacional tiene fichados a 400 pandilleros en activo.

La edad de los jóvenes que son captados ha bajado a los 11 y 12 años, “cuánto más jóvenes más fáciles son de manipular”, explica un policía que conoce bien este tipo de delincuencia juvenil organizada.

Más de la mitad de estas bandas operan en grandes ciudades.

Salir de la banda

“Captan a los más débiles o a los que se sienten más desprotegidos”. Lo cuenta Carlos, un expandillero que anima a otros jóvenes a salir de las bandas. “Un latin king me apuñaló en el cuello y por venganza les apuñalamos nosotros.

La mayoría teníamos problemas en casa, familias divididas, padres ausentes… nos habían hecho bullying…

Cuando atacamos siempre habíamos consumido marihuana, pepas (pastillas) para que nos suba la adrenalina…”, asegura Carlos mientras muestra a la cámara las cicatrices que la violencia ha dejado en su cuerpo.

“Soy madre soltera y he trabajado muchas horas para sacarlos adelante, pero mis hijos se sentían abandonados. Los profesores me llamaban, no iban al colegio, luego se llevaban los cuchillos de casa y me sacaban dinero del banco…”, explica Carmen.

Tiene dos hijos y los dos han estado en una banda. Su hijo mayor asegura, “Yo era el rey, dirigía a 34 chicos”.

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