Vídeo: Los grandes enfrentamientos de monstruos en el cine antes de ‘Godzilla contra King Kong’

El estreno de Godzilla vs Kong (previsto para la primavera de 2021) vuelve a convertir en espectáculo los enfrentamientos entre grandes monstruos de diferentes franquicias. No es la primera vez que los dos personajes se pelean, puesto que en los 60 ya hubo una operación similar. Y es que los grandes simios y los grandes saurios han luchado a muerte desde el inicio del cine y el nuevo crossover del director Adam Wingard es tan solo la prueba que constata que ver grandes colosos dándose porrazos sigue siendo uno de los placeres más básicos, esenciales y efectivos que puede proporcionar el cine fantástico.

De los primeros cortos de stop motion a las grandes superproducciones digitalizadas, repasamos de dónde viene este fetichismo por las galletas de gran tonelaje, la fascinación que nos genera presenciar combates de boxeo de quimeras que tememos que puedan llegar a existir por la seguridad de nuestras ciudades, pero que queremos ver mano a mano hasta que uno de los dos caiga sobre algún gran monumento histórico.

Stop motion y mundos perdidos: obsesión por King Kong

Ver grandes peleas de monstruos tiene algo de esa excitación infantil que genera luchar con un juguete en cada mano sin medir la fuerza mientras creas sonidos con la boca, y esto es quizá porque desde el inicio del cine, no ha sido mucho más que muñecos en movimiento. Ghost of Slumber Mountain (1918) es un auténtico fósil cinematográfico, un cortometraje de Willis O’Brien que serviría como ensayo para sus posteriores trabajos de efectos especiales en El mundo Perdido (1925) y King Kong (1933), donde ya perfeccionaría su técnica a niveles de pura maravilla animada. Considerado en parte un film perdido, afortunadamente se conserva la lucha entre un tiranosaurio y un triceratops en glorioso y pionero stop motion, que luego perfeccionaría en la adaptación de Arthur Conan Doyle, objeto de decenas de versiones posteriores.

Las primeras grandes luchas de monstruos gigantes surgen de la fascinación paleozoología o la criptozoología. Tener oportunidad de ver dinosaurios con vida, por primera vez en movimiento, era pura magia, el cine absoluto del que surgen las raíces del fantástico. Que King Kong sea, aún hoy, la mejor película de aventuras y dinosaurios de la historia no hace falta recordarlo, pero su menos conocida secuela es otra fantástica aventura en la Isla Calavera mucho más ligera y tonta, que sigue manteniendo unos impresionantes efectos, aunque el trabajo de O’Brien fue terminado por otros técnicos, pero hay hasta tres especies de dinosaurio ¡y un oso! que luchan con el hijo albino del gran gorila.

El éxito de Kong convirtió a los gorilas gigantes en todo un subgénero que caló en la cultura pop con decenas de imitaciones. Lanzada por “pura coincidencia” el mismo año que el remake de Dino de Laurentiis, A * P * E (1976) tuvo que cambiar su original nombre de El nuevo King Kong por demanda de la RKO, lo que usaron con cierta sorna en el slogan del material promocional: “No confundir con King Kong”. La película fue lanzada inicialmente en 3D y es principalmente recordada por la peineta del gorila a los helicópteros, aunque su lucha con un escualo real, que es básicamente el señor disfrazado de turno mareando mucho a un pobre tiburoncito, ha pasado a los anales del cine de colosos más trash.

Las últimas encarnaciones de Kong han tenido ya ayuda digital, y el vistoso gorila que presenta Kong: Isla de la calavera (2017) es más grande y fuerte que los que se habían visto hasta el momento, con un cgi bastante conseguido y peleas impresionantes, especialmente contra un pulpo o grandes lagartos con cara de cráneo. Sin embargo, esta última tiene más que ver con el espíritu kaiju eiga —el término con el que se denominan las películas de monstruos gigantes en Japón— que con la vocación de gran aventura de cine clásico del remake de Peter Jackson. La épica de tres horas recuperaba el sentido de la maravilla de ver a Kong luchar contra otros titanes, haciendo hincapié en el célebre enfrentamiento contra los tiranosaurios, una secuencia de ocho minutos que rinde homenaje a la original recreando algunos de sus momentos clave casi fotograma a fotograma.

La estación Harryhausen

El mundo de las criaturas del cine fantástico de Willis O’Brien tuvo un heredero de excepción en Ray Harryhausen, el mago que perfeccionó el arte de la animación fotograma a fotograma en decenas de filmes de mitología, terror y aventura. Uno de sus primeros trabajos fue Evolution (1940), donde ya recreaba una lucha de dinosaurios a todo color para ilustrar las teorías de Darwin. En The Animal World (1956), una especie de documental sobre zoología, se incluía un memorable clip de 10 minutos sobre la vida de los dinosaurios con una espectacular lucha entre dos Ceratosaurus, la especie más carnívora de la época Jurásica, creada en su totalidad por el maestro. Ambos trabajos son casi un esbozo para las batallas monstruosas que presentaría en Hace un millón de años (1966).

Harryhausen repetiría con más dinosaurios en un crossover western memorable, en el que un tiranosaurio acaba expuesto en un circo de México. El valle de Gwangi (1966), se adelantaba a Spielberg trayendo a un gran animal extinto al presente, pero aquí le hacía luchar con un elefante en la plaza de toros de Almería, ya que la película se rodó íntegramente en España. Pero en donde el creador se encontraba más cómodo era en las criaturas fantásticas, que, aunque solían aparecer como peligros para los héroes de sus historias, también podían encontrarse entre ellos, como el cíclope y Taro, una criatura mítica similar a un dragón clásico, que protagonizan una de las grandes peleas del cine de aventuras fantástico en Simbad y la princesa (1958).

Godzilla, el rey de los monstruos

Harryhausen caló tan hondo en el subgénero de criaturas que su lagarto antediluviano para El monstruo de tiempos remotos (1953) fue la inspiración directa de los creadores de Godzilla (1954), un film de tanto éxito en Japón que creó una inagotable franquicia que seguimos viendo mutar y crecer década tras década. Aunque el kaiju eiga se centra mucho en colocar a uno de sus monstruos destrozando una ciudad, en la saga de Godzilla derivó a grandes combates entre ellos. Uno de los casos más ilustrativos es Invasión extraterrestre (1968), en la que aparecían todas las criaturas de la saga y extraterrestres que usan a los gigantes para destrozar distintas ciudades del mundo en la mayor ensalada de gente metida en trajes de goma de la época, una montaña rusa de acción, láser, cartón piedra y destrucción.

Aunque los tráilers de Godzilla vs Kong (2021) nos hagan pensar que el encuentro entre el mítico lagarto radioactivo japonés y el gorila es nuevo, es algo que ya había tenido lugar en los 60. En una de las inabarcables aventuras de la productora Toho, King Kong contra Godzilla (1962), su protagonista estrella se las veía con la mítica creación de O’Brien, en lo que parece casi una parodia en la que el resultado del conflicto da igual y lo importante es ver a dos hombres disfrazados de monstruito revolcándose.

Delirios de la fiebre del Kaiju

No todo el kaiju eiga es Godzilla y algunas de las películas que aparecieron al amparo de su éxito son memorables o rarezas a rescatar como The Last Dinosaur (1977), una coproducción de Estados Unidos y Japón que tomó la ruta del efectos especiales con señores pasando calor dentro de trajes de goma, haciendo más bizarra la lucha entre el tiranosaurio y el triceratops que presenta. Pero más bizarro aún es ver cómo entienden a la criatura de Frankenstein en Japón. Un hombre zombie gigantesco que podría ser un adelanto de lo que vemos en Ataque a los titanes (2015). En Frankenstein Conquers the World (1965) se enfrenta a un sucedáneo de Godzilla llamado Baragon.

Aunque el título cree confusión, La batalla de los simios gigantes (1966) es una secuela de anterior dirigida de nuevo por el prolífico Ishiro Honda, aunque, en efecto, el Frankenstein de la anterior no parece hacer acto de presencia y en su lugar aparece un gran simio que debe enfrentarse a su hermano, que no se piensa dos veces lo de comerse a seres humanos. Se ha convertido en un clásico de culto gracias su primera batalla del primate gigante con un calamar, y su duelo final en medio de Tokyo, que recuerda un espectáculo de lucha libre sin depilación, en la que los edificios son destrozados con sus caídas, mientras son disparados por descargas eléctricas, tanques y aviones, bastante espectacular incluso a día de hoy.

Combates colosales en la nueva era digital

Ver a Godzilla contra King Kong y todo el MonsterVerse de Legendary Pictures son la consecuencia de todo un resurgir de las peleas de animales y criaturas en la era digital. Pero los primeros en atreverse con enfrentamientos delirantes son los canales como Syfy o la productora Asylum, que empezó con Megatiburón contra pulpo gigante (2009), una batalla épica entre dos criaturas marinas gigantes descongeladas después de millones de años que sigue los estereotipos clásicos del cine de catástrofes con un tiburón volando para comerse un avión y una lucha a muerte entre píxel y píxel que ha dejado toda una saga entre las que destacan enfrentamientos como Mega Shark contra el Crocosaurus o la fusión de los dos contendientes iniciales en Sharktopus contra piranhaconda, un híbrido entre serpiente y piraña, o contra Pteracuda, mutante entre pterodáctilo y barracuda.

Pero el cine comercial americano no solo ha vivido de Godzilla y Kong y parte del mérito de lograr la magia de revivir criaturas así de majestuosas se lo deben a los avances en efectos especiales de Parque Jurásico (1993), que aumentó la fascinación por grandes bestias peleando. Puede que el gran enfrentamiento de la saga esté en la tercera parte, en la que el gran Tiranosaurus Rex se enfrentaba al Spinosaurus. Otras películas han logrado grandes crossovers de gorilas y reptiles sin tener necesariamente un nombre y apellido como Kong. Proyecto Rampage (2018) adaptaba un videojuego vintage en la que una especie de gran Copito de Nieve se enfrentaba a un sanguinario lobo salvaje y una cocodrila americana mutantes en un festival de mamporros bastante más violento y divertido que los de los de la Isla Calavera.

Y si hablamos de monstruos gigantescos, no es extraño que desde Hollywood estén aplicándose recuperando grandes franquicias con titanes sacudiéndose, ya que el mercado en China ha ido convirtiéndose en una importante fuente de ingresos de la que ya no pueden prescindir los grandes estudios. El barniz digital y la escala épica con colores irreales no son casualidad, porque coinciden con el aspecto de las grandes superproducciones en mandarín, en las que abundan los enfrentamientos de criaturas míticas, mágicas y extraterrestres. Hay un nuevo resurgir con films como Abyssal Spider (2020) o Sea Monster (2020), pero muchas veces las mejores peleas están en películas de fantasía épica como Detective Dee: The Four Heavenly King (2018) con un enfrentamiento de mono albino y un ser con 10.000 ojos que no hacen añorar las peleas entre los grandes clásicos de la cultura del siglo XX.

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