Veintisiete años para conseguir tres estrellas Michelin y nueve días para cerrar por la pandemia

Jesús Sánchez nació en Azagra, un pequeño pueblo de la ribera de Navarra, sin restaurantes ni cocineros en la familia que le inculcaran la pasión por la cocina que le ha llevado a lo más alto del firmamento culinario internacional. Su padre y su madre eran agricultores pero las vicisitudes de la vida les llevaron a tener que abandonar el campo y a abrir una tienda de ultramarinos donde se vendía un poco de todo pero donde también existía un empeño por la materia prima exquisita, sobre todo cuando se trataba de seleccionar verduras y frutas de la tierra. Otro contratiempo, el ingreso en un hospital de la madre, resultó la invitación perfecta para que el hijo se pusiera a enredar en la cocina y se aficionara a conseguir resultados sabrosos con aquellos productos a los que empezó a coger gusto.

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