Urkullu señala que Puigdemont reculó al final a la DUI por la «rebelión» de la calle

Cinco horas antes todo iba a ser distinto. A las diez horas y cinco minutos del 26 de octubre de 2017, un día antes de la declaración unilateral de independencia de Cataluña que activo la causa por rebelión, Carles Puigdemont le comunicó a Íñigo Urkullu que iba a convocar elecciones autonómicas y evitar el paso final del plan secesionista ilegal. Aquella tarde, el expresidente catalán anunció lo contrario.

[ Sigue al minuto el juicio del «procés»]

¿Qué sucedió? En una tesis coherente con la declaración del exconsejero catalán Santi Vila, el lendakari Íñigo Urkullu ha explicado este jueves que la «rebelión» de los manifestantes secesionistas en las calles y la presión de los más radicales de su propio grupo parlamentario llevaron a Puigdemont al peor desenlace. El expresidente catalán cambió el rumbo de lo que se había acordado, entre otras cosas a través de la intermediación de Urkullu, y precipitó la vía unilateral. El miedo a quedar como un traidor ante los más radicales, como relató Santi Vila.

«A las 14.00 me comunicó… lamentando que las personas que estaban en la plaza Sant Jaume manifestándose se le estaban rebelando, que entendía que tenía una presión en su grupo parlamentario de Junts pel Sí y que no podía proceder al acuerdo que se había adoptado esa noche de madrugada de disolver el Parlamento y convocar elecciones autonómicas, lo que yo sugería para evitar el 155», ha relatado este jueves Urkullu, en su declaración en el salón de plenos del Supremo.

En su testimonio, Urkullu ha asegurado que Mariano Rajoy no ofreció «una garantía» de que la convocatoria de comicios autonómicas evitase la aplicación del artículo 155, que suponía la suspensión de la autonomía. Pero ha dejado claro que tuvo «la intuición»” de que el artículo 155 no se hubiera puesto en marcha en ese escenario, dada la «disposición» de las fuerzas mayoritarias en aquel momento, en alusión al Partido Popular y el PSOE, y del propio Rajoy, «que no era muy dado» a aplicar ese artículo, un paso inédito provocado por la actuación ilegal del «govern». Esa explicación rompe la coartada secesionista de que no tuvieron otra opción.

Intermediación

El lendakari se ha atribuido un rol fundamental de intermediación entre la Generalitat de Puigdemont y el Gobierno de Rajoy para buscar «una vía de diálogo estable», una función que comenzó a petición del expresidente catalán y que recibió la «atención y escucha» de Rajoy, que no solicitó su colaboración. Fue una actuación de «intercesor, de enlace», según las propias palabras de Urkullu.

Todo comenzó el 19 de junio de 2017, cuando se reunió con Puigdemont en el Generalitat coincidiendo con un acto de conmemoración del atentado de ETA de Hipercor en Barcelona en 1987. «Me manifestó la situación de bloqueo y me solicitó que yo interviniera para intentar encauzar la relación», ha asegurado.

A partir de ahí, ese mismo día se reunió en el aeropuerto de Barcelona con la antigua vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáénz de Santamaría, y el 19 de julio con el propio Rajoy, con quien también habló por teléfono el 19 de junio. «Muchas comunicaciones, muchos encuentros», ha descrito Urkullu sobre sus contactos con personalidades del mundo político, social, cultural y empresarial vinculado a Cataluña. Con Rajoy también habló después del acoso a la Guardia Civil del 20 de septiembre de 2017, en la que los militantes bloquearon a la comitiva judicial.

Esa intermediación, según Urkullu, se intensificó a partir del 4 de octubre, después del referéndum ilegal del 1 de octubre. «Fui presentando propuestas a ambos gobiernos», ha narrado el lendakari, que ha descrito un plan que derivaría en la convocatoria de una mesa de diálogo con la trampa habitual del nacionalismo, que busca colocar en una situación de igualdad a la comunidad autónoma y al Estado.

En sus contactos con Rajoy, el lehendakari ha señalado que el antiguo presidente del Gobierno siempre marcó la línea roja de que cualquier conversación que traspasara los límites de la Constitución. «No se habló de autodeterminación». Del testimonio de Urkullu también ha traslucido la actual estrategia cautelosa del PNV, en estos tiempos de zozobra política, y ha asegurado que él aboga por «la vía bilateral», aunque considera que se puede llegar a una «consulta legal y pactada, desde el cumplimiento de la legalidad y el máximo respeto a la democracia». Según él, Puigdemont compartía esa reflexión, aunque los hechos dibujan otra realidad.

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