Una sensación familiar

Es estremecedor pensar que una decisión irresponsable, o tomada a la ligera, por motivos banales, o una carambola de acontecimientos, puede colocar a la persona más nefasta en el peor momento en el lugar menos adecuado. No sé en quién estarán pensando, pero recordemos a George W. Bush. En 2001 le tocó el 11-S, que no estaba previsto. No sé si Al Gore, de haber ganado aquellas elecciones —fue el más votado, pero las perdió—, hubiera hecho lo mismo, pero tal vez no. Y entonces quizá no habríamos visto la invasión de Irak, ni luego la guerra de Siria, ni el Estado Islámico, ni millones de refugiados escapando a Europa, ni miles de ellos ahogándose en el intento.

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