Una fortaleza de cine y papas

Peñíscola ofrece la promesa de las grandes aventuras en el mar y el atractivo de los grandes bajeles. Esos que siempre están en el puerto, como querría Pessoa, “en vísperas de no partir nunca”. Este pueblo de la costa castellonense ha experimentado una extraordinaria transformación en las últimas décadas. Su atractivo original, sin embargo, está intacto: la pequeña aldea amurallada situada sobre un tómbolo o península rocosa donde sobresale el famoso castillo del Papa Luna. El antiguo istmo de arena, su único amarre a la costa, fácilmente inundable, ahora nos aparece desdibujado: la construcción del puerto obvió su singularidad defensiva. A pocos kilómetros, además, encontramos el parque natural de la Serra d’Irta, uno de los últimos parajes vírgenes de la Comunidad Valenciana.

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