Un aviso

La votación de ayer en el Congreso que salvó por un voto la convalidación del decreto de los interinos evidencia una reiterada debilidad del Ejecutivo en dos planos. Primero, en relación con los problemas de coordinación interna de la coalición; y segundo, en la lógica de construcción de alianzas y complicidades parlamentarias. El decreto sometido a convalidación no versaba sobre una cuestión menor. Se trata de un cambio normativo que afecta a la temporalidad y al número de interinos en la Administración pública, y cuya regularización obedece a uno de los mandatos pactados con la Comisión para recibir los fondos europeos. El hecho de que el decreto fuera salvado a última hora y por la mínima, tras una negociación in extremis con los socios del Gobierno y sin que tampoco estuviera claro el apoyo del socio minoritario de la coalición, proyecta una desconcertante imagen de vulnerabilidad parlamentaria del Ejecutivo. El problema es aún más preocupante en tanto que las críticas de los grupos parlamentarios para negar el apoyo al decreto consistieron en subrayar la falta de interlocución con el Gobierno. Además de desgastarlo, esta escasa predisposición del Ejecutivo al diálogo contribuye a crear un indeseable clima de inestabilidad que es explotado por la oposición. Y también exhibe una limitada cultura parlamentaria en un momento que demanda una mayoría estable para afrontar con ímpetu reformista el tiempo de la pospandemia.

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