Toreros y políticos

La fiebre que les ha dado a los partidos políticos por fichar toreros en sus listas, ha tenido su capítulo en esta Cataluña convulsa, en esta Cataluña cada vez más intolerante, ¡precisamente Cataluña, qué cosas! El diestro de Montcada Serafín Marín se presenta como tercero en la lista de Vox por Barcelona, y si como torero ha tenido que aguantar muchos momentos desagradables por la intransigencia contra él y los aficionados, en estos días ha comprobado la violencia callejera contra sus siglas.

En esto de los toreros y la política, es obligado echar la vista atrás y recordar la figura de un diestro que en el último tercio del siglo XIX tuvo un gran carisma dentro y fuera de los ruedos. Luis Mazzantini Eguía, hijo de un ingeniero italiano, nació en Elgóibar en 1856, estudió el bachiller de Artes y fue secretario de cortejo de Amadeo de Saboya. Triunfó en las plazas de todo el mundo taurino, y cuando se retiró, en los primeros años de la pasada centuria, se volcó en una brillante carrera política. Concejal y teniente de alcalde de Madrid, miembro de la Diputación Provincial y gobernador civil de Guadalajara y Ávila.

Mazzantini toreó mucho en la capital catalana y tuvo además una gran vinculación con un ilustre catalán, José Rovirosa Virgili, un personaje de apasionante biografía. Rovirosa conoció al torero cuando estudiaba medicina entre sus devaneos toreros. El matador lo recomendó para que toreara en México, y allí se fue el catalán. Toreó mucho y hasta tomó la alternativa. También se trajo de las américas una grave lesión de rodilla, que le apartó del traje de luces e hizo que se volcara en la medicina. Se doctoró en oftalmología, especialidad en la que fue una eminencia. Publicó libros, impartió conferencias, y hasta estrenó alguna obra teatral y no se le dieron mal los pinceles. Y todo con la amistad de un torero que acabó en la política. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Ángel González AbadÁngel González Abad

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