Tintes, cortes y la barba azul: cómo hemos cambiado de aspecto durante la pandemia

Sandra Barrón siempre tuvo la idea de cambiar el color de su pelo y pintárselo de violeta. No fue hasta que estuvo en su casa, en confinamiento por la contingencia sanitaria por la covid-19, que decidió poner en marcha el cambio que siempre quiso. “Durante la pandemia empecé a ver algunas opciones, a cotizar, y ver posibilidades y me decidí después de hacer un board grandísimo en Pinterest y pedir varias opciones a amigas”, cuenta a Verne la coordinadora de diseño de 34 años.

En un momento en el que no tenemos ni idea de lo que pasará al día siguiente, sorteamos las dificultades como podemos. En esta conversación con S Moda, la periodista Rachel Felder, autora del libro Red Lipstick: An Ode to a Beauty Icon (Labial rojo: una oda a un icono de la belleza), habla de la importancia que tiene verse bien a nivel psicológico y social en momentos de crisis, como sucedió durante la Segunda Guerra Mundial o durante la crisis económica de 2008. Pintarse los labios, teñirse el pelo, cortarse el fleco, raparse la cabeza o cambiar la barba, son pequeños detalles diarios que nos hacen sentir dentro de nuestra normalidad. Ya que no podemos controlar lo que pasa fuera, al menos controlamos lo que pasa en nuestras cabelleras.

Aunque no se ha hecho un análisis exacto de lo que el confinamiento ha provocado en la apariencia de las personas, psicólogos consultados por Verne coinciden en que se trata de cambios que se realizan para hacer frente al estrés. “Una de las cosas que nos da seguridad son los cambios que podemos hacer a nosotros mismos”, dice Oscar Galicia, coordinador de la licenciatura de Psicología en la Universidad Iberoamericana. Por trivial que pueda parecer, muchas personas encontraron en el cambio de aspecto, una forma de mantenerse a flote todos estos meses de soledad, de probar cosas diferentes sin la presión de ser juzgados al salir a la calle y de hacer eso que llevaban tanto tiempo queriendo hacer. La prueba está en las miles de imágenes de TikTok, Instagram o Twitter que muestran el cambio de look en la gente.

¿La pandemia nos está empujando a cambiar de aspecto? “Creo que es una válvula de escape, cuando te haces algo en el pelo es como si le picaras al botón de reinicio”, dice Andrea Rodríguez después de decolorarse la cabeza. Según un estudio de la firma de mercados IPG Mediabrands a mediados de año, 64% de las personas que dedican tiempo a su aspecto se sienten mejor durante su confinamiento. “Estar tanto tiempo en videollamadas viendo tu imagen, te da mucha noción de ti misma y yo tenía un afán de verme diferente. La pandemia fue una buena excusa y el confinamiento ha animado a muchos a tomar decisiones”, dice la periodista de 30 años.

Decisiones como por ejemplo, vivir tu propio momento Britney en 2007 y raparte la cabeza. Eso fue lo que hizo Kevy Alcindor que pasó de tener un voluminoso pelo afro a dejar su cabeza sin nada, “[con la pandemia] que nos está quebrantando a todos, a nivel económico, laboral, social, romántico, emocional… muchas personas empezaron a raparse, cada quién por su razón. Y llegó la mía. Decidí terminar con esta relación que ya no me aportaba nada bueno, que eventualmente podría lastimarme profundamente. Y parte de mi proceso fue, adivinen qué, raparme la cabeza”, cuenta la gerente de ventas de 36 años en un texto que publicó el pasado mayo. “Quería verme totalmente diferente tenía algo en mí que quería ver un cambio externo de afuera hacia adentro”, recuerda. Ahora se ha teñido de rojo.

Aunque algunas personas ya han retomado sus actividades laborales, buena parte de la población en México sigue trabajando desde casa, lo que significa estar confinados desde hace siete meses cuando inició la Jornada Nacional de Sana Distancia, el 23 de marzo. Esta situación ha hecho que buena parte de las personas muestren sus hábitos en redes sociales con mayor frecuencia, según dice a Verne Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM. “La identidad no se modifica con el confinamiento, pero sí varía la necesidad que tenemos de mostrarnos diferentes o de mostrar hábitos de nuestra privacidad: el cambio de pelo o barba es un ejemplo”, dice el especialista.

A Karina Rodríguez no le gustan los cambios fuertes, pero aprovechó como muchos, para probar algo nuevo. “Como tenía tiempo, compré un tinte del súper y me pinté el pelo rojo, yo sola”, cuenta, al otro lado del teléfono. “Fue un impulso, pero verme de otro modo me hizo sentir bien”, detalla. Por cierto, Andrea Rodríguez dice que el proceso para decolorarse fue muy catártico y doloroso porque los químicos para dejar el pelo blanco son muy fuertes. Así que si estás pensando en hacerlo, ya sabes lo que te espera.

Para los hombres, uno de los cambios más notorios es en el vello facial: dejarse o no la barba. O en estos tiempos raros, pintársela de azul, como ha hecho Salvador Fraustro. “La época de crisis te hace pintarte una sonrisa que no tienes”, explica el periodista de 47 años. Su cambio radical vino después de varios meses viendo la misma imagen en el espejo. “La ansiedad te lleva a hacerte un cambio y a combatir las situaciones difíciles con color”, afirma divertido el director de la revista Emeequis que se ha comprado unos lentes y unos zapatos a juego con la nueva barba.

Christopher Oldstone-Moore, investigador de la Universidad Wright y autor del libro Of Beards and Men: The Revealing History of Facial Hair (De barbas y hombres: la reveladora historia del vello facial) indica que una de las motivaciones para dejar crecer la barba es marcar el paso del tiempo y por el contrario, dejar de usar vello facial puede ser un indicativo rápido de que se busca un cambio. No sabemos lo que piensa Oldstone-Moore sobre cambios más drásticos, pero Fraustro lo tiene claro: “Me caigo bien con la barba azul”, asegura.

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