“They” no es “ellos”, es “elle”: los retos del lenguaje no binario para los traductores

En el videojuego Hades, el Caos no solo es un concepto mitológico, sino también un personaje. La versión original utiliza el pronombre neutro “they“, que indica que no es ni un hombre ni una mujer. Sin embargo, en la versión traducida al español, usa el pronombre masculino “él”. En Apex Legends, el personaje Bloodhound también usa el pronombre “they” porque se desconoce su género, pero en la versión española es mujer.

Gabriel D’Artemius es lingüista y persona no binaria, y lamenta que esta traducción traiciona el mensaje y la intencionalidad de la obra original: “La gracia es que no se sabe si es un hombre, una mujer, o una persona no binaria”. Una solución habría sido traducir “they” con el pronombre no binario “elle”, pero se trata de un término cuyo uso aún encuentra muchas resistencias.

La Real Academia Española (RAE), por ejemplo, incluyó “elle” en su Observatorio de palabras, una herramienta creada en octubre de 2020 y que ofrece información sobre palabras que no aparecen en el diccionario pero que suelen despertar dudas. Sin embargo, la institución decidió retirarla a los pocos días porque su presencia generaba “confusión”, según explicó la propia institución en su cuenta de Twitter. Pero Gabriel D’Artemius recuerda que la RAE no tiene una misión prescriptora, y que el lenguaje inclusivo y no binario forma parte de la lengua en cuanto la gente lo utiliza.

Mientras en el entorno angloparlante se asientan con más decisión los neologismos y términos inclusivos, los traductores al español de obras con personajes no binarios se enfrentan al reto de encontrar las alternativas más respetuosas con la obra original. En ese sentido, Gabriel D’Artemius explica que cambiar la terminación de género por una {-e} es “una opción natural y fácil, pues en español la manera principal con la que flexionamos las palabras en cuanto a género es con vocales”. Como ejemplos, cita el cómic estadounidense En un Rayo de Sol, de Tillie Walden (La Cúpula, 2019), que usa la terminación en {-e} para un personaje no binario, y el manga japonés La Tierra de las Gemas, de Haruko Ichikawa (ECC, 2019), que lo usa para toda una raza de personajes.

Esta elección forma parte de las estrategias conocidas como Lenguaje No Binario Directo (LNBD), ya que supone un cambio evidente en el lenguaje. Aunque la RAE considere que el uso de “elle” no está suficientemente “generalizado ni asentado”, traductoras como Berna Wang afirman que hacer una traducción fiel es una cuestión deontológica: “Si es un texto escrito en LNBD, tengo que traducirlo en LNBD”.

Otra opción de LNBD es la {-x}. La emplean Lawrence Schimel y Arrate Hidalgo en la traducción del poemario Amnesia Colectiva, de la poeta sudafricana Koleka Putuma (Flores Raras, 2018), con versos como: “El colchón de mi abuela conocía el aliento matutino de cada unx de mis hermanxs, primxs, y de lxs hijxs de la vecina por su nombre”. Koleka Putuma utiliza “womxn” en inglés, una tradición feminista donde se borran literalmente las palabras “man” o “men” (hombre/s) de las palabras “woman” o “women” (mujer/es). Arrate y Schimel eligieron utilizar el lenguaje no binario, y en concreto la {-x}, para no usar el masculino como neutro. No obstante, el uso de {-x} tiene algunos inconvenientes, como la imposibilidad de ser leída correctamente por los dispositivos lectores que usan las personas con discapacidad visual.

Ángelo Nestore ha explorado creativamente otras soluciones sin hacer uso de la {-e} o de la {-x}. En el prólogo del poemario Yo soy tu presidenta, que publicará Kriller71, Nestore opta por la alternancia de género para referirse a Eileen Myles, poeta estadounidense y persona no binaria: “El ‘they‘ descoloca. Estás hablando de una sola persona y de repente hay un ‘they‘ [que en inglés es un pronombre plural]. Para mí, en la traducción es muy importante el efecto, lo que se quiere transmitir. Para desestabilizar el lenguaje binario español, hablo de Myles a veces en femenino y a veces en masculino. Dentro de las distintas opciones, también es la que más respeta las reglas de la RAE, pero al mismo tiempo, dinamita el lenguaje por dentro”.

En 2017, a Javier Pérez Alarcón le surgió la oportunidad de traducir la serie de animación estadounidense Dedé y Phillip, de Amazon Prime, para su doblaje: “Hay una escena en la que un personaje dice ‘as he she or they‘, y yo lo traduje como ‘él, ella o elle’. Tenía miedo porque era la primera vez que usaba ese pronombre, y aunque mi criterio era ese, la traducción tenía que ser revisada después por el ajustador —que se ocupa de la sincronía labial—, la directora de doblaje, el canal, la distribuidora… Yo me documenté y lo justifiqué. Lo aceptaron sin problemas y fue una alegría inesperada”.

En esa línea, Ángelo Nestore habla del miedo y la autocensura. Hace seis años, le tocó defender su tesis de doctorado sobre cómic, traducción y teoría queer, redactada entera en femenino. Esta estrategia se conoce como “femenino genérico”, y, aunque binaria, es otra estrategia de lenguaje inclusivo propuesta desde el movimiento feminista. “Por supuesto, tenía miedo del tribunal que me iba a juzgar, pero al final nadie me cuestionó. Creo que los traductores muchas veces nos autocensuramos por miedo a la editorial o al rechazo del público lector”, afirma Nestore.

Efectivamente, aunque los traductores estén legitimados para proponer traducciones o criterios alternativos, suelen ser sus clientes quienes tienen la última palabra. Con el paso de los años, los traductores han encontrado una mayor libertad por parte de sus clientes. En 2016, cuando Begoña Martínez Pagán, una de las pioneras en traducción queer, comenzó a traducir Porno feminista. Las políticas de producir placer, la consigna en la editorial Melusina era que intentara usar siempre palabras aceptadas por la RAE, según ella misma cuenta. “Fue imposible, por términos como queer o genderqueer. En el libro dicen mucho performer, que traduje con la palabra neutra ‘intérprete’. Sin embargo, solo un año más tarde, su criterio ya era más flexible, y en Queer. Una historia gráfica (2017), ya pude usar palabras como ‘elle’ y tuve mucha más libertad”.

Pérez Alarcón también ha traducido la serie Día a día, estrenada en 2017. En la segunda temporada, aparece Syd, un personaje no binario que usa “they” y “them” en inglés, y Margaux, que usa los pronombres “ze” y “hir“. Queriendo reflejar también esa diversidad de pronombres neutros en español, Pérez Alarcón preguntó a Darío Gael, traductor para Vogue y coautor de Vidas Trans (Antipersona, 2019) y Cuadernos de Medusa (Amor de madre, 2019). Darío Gael le confirmó que, además de “elle”, el pronombre “elli” también es usado por personas de género no binario, por lo que optó por esa alternativa.

Por otra parte, Ártemis López distingue otro tipo de estrategias de lenguaje inclusivo que son más evasivas y menos explícitas: el Lenguaje No Binario Indirecto (LNBI), adecuado cuando no se sabe con seguridad el género de la persona. López cuenta que, en una clínica en Washington DC para pacientes queer, interpretó a una persona trans durante una hora usando LNBI porque desconocía su género: “No quería meter la pata porque la persona podría pensar que era la médica quien se equivocaba, y la situación habría sido incómoda e irrespetuosa”.

Wang hace hincapié en que el LNBI ofrece muchas posibilidades “a poco que reflexionemos, sin que la fluidez del texto se resienta” y señala que usamos demasiadas “construcciones en masculino genérico innecesarias”: construir una frase con un relativo como “quienes crean en la telequinesis que levanten mi mano” en vez de “los que crean en la telequinesis que levanten mi mano” es una forma inclusiva que no usa la terminación en {-e}. Begoña Martínez Pagán lo llama “estrategia ninja”, pues pasa desapercibida. Otras serían: traducir una frase con un verbo como “cuando más seguridad he sentido” en vez de “cuando más seguro o segura me he sentido” y usar términos no marcados y nombres abstractos y colectivos como “todo el mundo”, “el profesorado”, “la población adolescente”, etcétera.

Lawrence Schimel también ha usado estas estrategias creativamente en el libro infantil Little You, escrito por Richard Van Camp e ilustrado por Julie Flett, en el que aparecen muchas familias indígenas que no asignan un género: “Para mí era importante respetar esa ausencia de género en la traducción, y por eso no quise simplemente utilizar el masculino como neutro. Pero como es un libro infantil, tuve que encontrar soluciones adecuadas para sus lectores. Uno de los problemas en castellano es que los diminutivos siempre tienen marca de género, así que cambié el título a Tú eres tú, y cambié adjetivos con género a sustantivos: ‘You are perfect‘, que sería ‘Eres perfecto o perfecta’, lo traduje a ‘Eres la perfección'”.

Para Ángelo Nestore, la traducción tiene una función ética, y resalta la necesidad de que el profesional reflexione: “No tiene que transmitir tanto la palabra como el mensaje. Tenemos la responsabilidad de buscar caminos que respeten el mensaje ideológico o político de quien ha elaborado un texto en un idioma extranjero”.

En este aspecto, Herminia Páez Prado ha asesorado y propuesto en series juveniles —en las que cada vez hay más personajes reivindicativos de los derechos LGTBQ y el feminismo—, el uso del lenguaje no binario: “Si conoces estas luchas, sabes que los personajes no usarían en castellano un masculino plural, y menos en un espacio lleno de mujeres. En este caso, puedes proponer cambios y explicárselos al cliente para quien trabajas”. Según la propia Herminia Páez, “sería extraño encontrar a alguien que malgenerice a propósito, aunque siga habiendo equivocaciones. Por ejemplo, cuando descubres el género de un personaje episodios después”.

Begoña Martínez Pagán considera que “el lenguaje tiene que contribuir a liberar a las personas, a crear espacios de libertad y seguridad”. Y Ártemis López concluye: “Puede que tú no uses nunca en la vida diaria el lenguaje no binario, pero tienes que traducir e interpretar cómo hablan las personas. Hay muchísima gente que lo utiliza. El español es muy diverso, y cada persona es dueña de su propio idioma, su propio idiolecto. Es comprensible que como traductores sigamos la norma en caso de duda y utilicemos un lenguaje estándar, pero no por eso podemos borrar a las personas que hablamos de otra manera”.

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