Revolución en el zoológico: de ‘casas de fieras’ a centros de conservación | El Viajero

Hasta hace bien poco, los animales exóticos han sido una atracción servida en jaulas para el entretenimiento, como hace dos siglos. Hoy, el progresivo exterminio de la biodiversidad ha convertido a aquellas fieras en auténticas rarezas que reclaman protección: si en 1980 se contabilizaron 10.000 especies extinguidas, en 2015 se calcula que rondaban las 60.000. Las normativas están reaccionando, y la Ley de Zoológicos española incorporó en 2003 una directiva europea para “asegurar la protección de la fauna silvestre existente en los parques zoológicos y la contribución de estos a la conservación de la biodiversidad”.

En la misma línea, la Unión Europea aprobó en octubre de 2020 la Estrategia para la Biodiversidad 2030, en la que se reconoce el papel fundamental de la conservación ex situ (aquella que se realiza de forma coordinada a nivel europeo entre los diferentes parques de animales) para mantener la diversidad genética de las especies salvajes. En cerca de 100 de estos programas europeos de conservación ex situ de especies amenazadas participan los Bioparc.

Se impone así un nuevo modelo de parques de animales que nos enseñe a apreciar a las especies no humanas como necesarias vecinas con las que compartimos un territorio. Diseñados bajo el concepto de zoo-inmersión, los Bioparc sumergen a sus visitantes en una cuidada recreación de los hábitats salvajes más amenazados, permitiendo que se acerquen como nunca a sus animales, vegetación y paisaje. Bioparc Fuengirola, Bioparc Valencia y Bioparc Acuario de Gijón comparten la opinión que Gerald Durrell, reconocido escritor y naturalista fundador del Zoo de la isla de Jersey (Canal de la Mancha), vertía en El Arca Inmóvil: “Los zoos son los guardianes y conservadores de las otras especies animales que intentan compartir este planeta con nosotros. Tendrán una importancia creciente y serán, probablemente, el último refugio de un enorme número de ellas”.

Abandonando la fórmula del mero espectáculo para visitantes pasivos, los Bioparc confían en concienciarles de la importancia de conservar la biodiversidad al contemplar la belleza de los animales salvajes en lo más parecido a su lejano entorno natural. Sobre todo, en los recintos donde conviven varias especies distintas como hacen en la naturaleza salvaje, transmiten al visitante una sensación de contacto directo con aquellos hábitats en peligro. Aun así, conscientes de que esos animales no dejan de vivir en una cautividad controlada, estos parques garantizan su bienestar atendiendo las necesidades biológicas y fisiológicas de cada especie, que reproducen rigurosamente. Por ejemplo, los animales que tienden a vivir en pareja, tienen pareja; los gregarios viven en grupos; y todos tienen lo que precisan.

Tres parques para un “ocio con causa”

Estos templos de la biodiversidad son el plan perfecto para familias, amigos y parejas, y también para quien quiera disfrutar a solas de las maravillas que esconde nuestro planeta y todos debemos proteger.

Bioparc Fuengirola es el parque de animales más visitado de Andalucía. Un oasis al aire libre en el centro de la localidad malagueña que recrea las selvas tropicales de África, Asia, la isla de Madagascar y la región Indo-Pacífico, con más de 200 especies de animales salvajes. Grandes primates como los gorilas, orangutanes y chimpancés campan a sus anchas, igual que los tigres de Sumatra y especies muy poco conocidas como los tapires, el ciervo ratón, el cálao rinoceronte y el impresionante dragón de Komodo.

En Bioparc Valencia se puede hacer un recorrido al aire libre sin salir de la ciudad contemplando 160 especies en una extensa sabana africana con rinocerontes, antílopes y jirafas, bajo la atenta mirada de los leones. Es el lugar donde admirar el baño y los juegos de una manada de elefantes que emocionó a la naturalista y etóloga Jane Goodall. Entre gigantescos baobabs y cascadas, las frondosas selvas acogen a familias de gorilas, chimpancés, preciosos bongos y leopardos. La cueva Kitum atesora la única visión subacuática de hipopótamos posible en España, con su “bebé” de un año recién cumplido. Y en la exótica réplica de Madagascar, se pasea entre distintas especies de lémures.

Frente al Cantábrico, 4.000 animales esperan al visitante en el Bioparc Acuario de Gijón para que conozca al detalle la asombrosa fauna de los océanos y mares del mundo. Las recreaciones de los fondos de la costa cantábrica, el Caribe, los océanos Pacífico e Índico, el mar Rojo, el océano Índico Africano y el Atlántico Sur y Subtropical son los escenarios por los que evolucionan enormes tiburones toro, pulpos, rayas, hipnóticas medusas, tortugas bobas, cardúmenes de pirañas, llamativos peces payaso y así hasta un total de 350 especies.

Conservando especies en peligro de extinción

Bioparc es mucho más que sus parques. Entre sus acciones figura el apoyo a la serie documental Los Herederos del Arca, rodada en santuarios naturales africanos, que refleja la problemática medioambiental del planeta y el papel clave de los parques de animales en la conservación de especies amenazadas. También actúa como plataforma conservacionista activa de dos maneras: ex situ (fuera de sus hábitats naturales), en un centenar de programas internacionales para reproducir en cautividad especies amenazadas; e in situ, a través de la Fundación Bioparc, en importantes proyectos desarrollados en los hábitats de origen como Save The Rhino, la Borneo Nature Foundation o el Instituto Jane Goodall. “Bioparc es una razón para la esperanza a la que doy mi máxima calificación. Nunca he visto, en un zoo, a los elefantes jugando en el agua como aquí. Es mágico”, asegura la legendaria etóloga, de 87 años

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