Reformas y ruido

El pacto entre el Gobierno y ERC para los Presupuestos ha desatado una nueva polémica a costa de la reforma para armonizar los impuestos autonómicos. El Ejecutivo acordó con el partido catalán formar una mesa de diálogo sobre la materia, con el objetivo explícito de embridar la política fiscal de la Comunidad de Madrid, que los críticos consideran una competencia desleal. Es un episodio infeliz, ya que una reforma de esa naturaleza no debería abordarse en el ámbito de la negociación presupuestaria y mucho menos en una futura mesa entre el Gobierno y un partido. Esa maniobra política emponzoña un debate que, en cambio, sí tiene sentido. La intención de ordenar los tributos autonómicos cuenta con sólidos argumentos a favor. Hay un amplio consenso entre los expertos sobre la necesidad de armonizar los principales impuestos cedidos, como el de patrimonio o el de sucesiones y donaciones, en los que las diferencias entre territorios se han agrandado en los últimos años. Así lo aconsejan la veintena de especialistas que durante un año estuvo analizando la materia y lo apoyan incluso destacados políticos del PP.

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