Problema de conciencia

Eso y no otra cosa es lo que tienen esos altos cargos socialistas -no digo ya comunistas- que disimulan, enmascaran, camuflan o simplemente mienten en sus declaraciones de bienes. Un problema de conciencia que nace de la colisión entre lo que se es y lo que se dice ser, entre lo que se predica y lo que se hace. Una colisión que suele, además, acabar en grave fractura mental y que deviene en muchos casos en auténtica esquizofrenia vital. Sin duda debe de ser muy difícil vivir en un barrio o zona burguesa y pretender ser el adalid de la clase obrera. Debe de ser complicado comulgar con el catecismo socialista -ya no digo el comunista-, con su escuela laica y pública, con su sanidad universal y gratuita y con su equidad social, y luego estudiar en una universidad privada, llevar a los niños a un colegio de pago, tener un pediatra de tarjeta o emplear medios públicos para darse satisfacciones personales. Sin duda debe de resultar, cuanto menos, mentalmente delirante.

Pero, ¿dónde está la raíz del problema? Sencillamente en la demagogia. Porque dígame usted a mí qué hay de malo en que uno quiera prosperar en la vida. ¿Qué hay de malo en que quiera vivir en una casa mejor, poseer un coche mejor, veranear en un lugar paradisíaco o pretender que tus hijos reciban las mejores atenciones allá donde las prodiguen? No hay nada malo, pero a veces puede resultar incómodo cuando se vende socialismo -ya no digo comunismo-. De ahí que en muchos casos sea la propia conciencia -la misma que debería movernos a obrar bien- la que nos tienda su trampa más ladina, y de una parte nos diga que no estamos siendo coherentes, y de otra se calle cuando sabe que estamos empleando la filfa, la mentira o la verdad mediada para colmar nuestras aspiraciones profesionales y alimentar el ego.

Decía Carmen Posadas que para vivir como vive alguien de clase media en España, en cualquier otro país del mundo habría que ser millonario. Y es cierto… afortunadamente. Pero la izquierda española no lo asume. Y no lo asume porque, de hacerlo, agotaría su discurso ideológico inmediatamente. Y de ahí que siga instalada en una apolillada lucha de clases y en un lenguaje frentepopulista que, si bien le sigue reportando réditos, está más demodé que los pelos cardados. Señores ministros, altos cargos, alcaldes y concejales socialistas -ya no digo comunistas-: ¡no hay nada malo en ser rico, si se es de lícita y honrada manera! Así que dejen ustedes de hacerse pasar por pobres y obreros, porque su problema de conciencia no es sino el reflejo fiel de algo bastante más grave: la falta de la misma.

Fernando Conde

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