Nueve sopas y cremas frías para soportar el calor

Como casi cada año por estas fechas y para sorpresa de nadie, hace calor. A ratos -y por zonas- un calor soportable, en otros momentos aplastante como una bola de demolición e implacable como la Agencia Tributaria. La canícula pide comida bebible, fresca, ligera y que con una sola preparación nos permita solucionar varios platos (que tampoco estamos para tirar cohetes de energía). La solución a todos nuestros problemas la traen las sopas y cremas frías.

Prepararemos tres con yogur, tres con tomate y tres con patata, para esas noches en las que tienes un poco más de hambre en las que pueden funcionar como plato principal, acompañadas de una tortilla, una lata de sardinas o bonito y un tomate aliñado o una pechuga a la plancha. Aunque las cantidades que damos aquí son para unas seis raciones, recomendamos duplicarlas, ya que muchas de estas cremas y sopas pueden funcionar como merienda e incluso como desayuno (siempre que no tengas problema con los desayunos salados, claro).

Pepino, melón, yogur, menta, ajo y nueces

Esta crema vive a medio camino entre el tarator búlgaro y el tzaziki griego, con un añadido de temporada que aporta sabor y frescura: el melón. Si la idea de combinar pepino y melón te parece raruna, te aseguro que no lo es; de hecho ambos son miembros de la misma familia: la de las cucurbitáceas (igual que la sandía). Tritura hasta conseguir una crema fina cuatro pepinos medianos sin las puntas y la mitad de la piel, la pulpa de medio melón piel de sapo -unos 600 g-, uno o dos dientes de ajo, un puñado de hojas de menta, otro de nueces, tres yogures naturales, 750 ml de agua y aceite, vinagre, sal y pimienta al gusto. Déjalo enfriar en la nevera y listo para tomar; en casa es un salvavidas veraniego que tomamos a cualquier hora del día; si lo quieres como bebida refrescante más que como crema puedes añadirle algo más de agua.

Pimiento, zanahorias y ajo asado, yogur, tomillo

Antes de nada, que no cunda el pánico: asar no signfica necesariamente tener que encender el horno (con la que está cayendo no apetece ni en hora valle, ni en hora llano ni en Hora de aventuras). Simplemente trocea y quita las semillas de dos pimientos, quita las puntas y corta en rodajas gruesas seis zanahorias y pon cuatro dientes de ajo enteros -pero sin piel- en una cazuela amplia. A fuego medio-bajo y sin aceite, destapado primero y tapado después, cocina durante una media hora o 40 minutos, removiendo cada siete u ocho, hasta que estén ligeramente tostados por fuera y un poco blandos al tacto (también puedes usar los restos de brasa de una barbacoa, si vas a organizar una). Añade tres yogures naturales, tomillo, aceite, vinagre, sal y pimienta al gusto, además de 900 ml de agua. Enfría en la nevera y disfruta a cualquier hora.

Sandía y remolacha con cítricos y yogur

En este caso el yogur no forma parte de la sopa en sí, sino que la serviremos con una cucharada generosa del mismo para rematar el plato: el momento en el que coges una cucharada que contiene un poquito de yogur cremoso junto con la sopa fresca y cítrica es realmente glorioso. Para la sopa, triturar 750 g de sandía pelada y cortada, una remolacha cocida -dos si son muy pequeñas-, sal y pimienta, una puntita de jengibre rallado y 300 ml entre zumo de naranja y limón (más o menos limón dependiendo de la acidez que se busque). Además de servir con una cucharada generosa de yogur por ración, se puede encurtir la parte blanca de la sandía; aquí te contamos cómo hacerlo -también puede hacerse con la del melón- para que no vuelvas a tirar esta delicia en potencia.

Tomate asado, pan, ajo, salvia y parmesano

Siguiendo el mismo sistema que con el pimiento y la zanahoria, asar 12 tomates de pera maduros y cuatro dientes de ajo. Triturar con 750 ml de caldo de verduras o pollo suave, 100 g de pan de víspera -sin corteza, si esta es muy gruesa- y unas cuantas hojas tiernas de salvia, aceite al gusto, sal y pimienta. Si se quiere, se puede añadir un chorrito de vinagre de Jerez o una copita de fino. Servir bien fría con parmesano rallado por encima.

Tomate, melocotón, pimiento, ras el hanout, feta, miel

Para disfrutar de esta sopa solo hay que triturar bien seis tomates, tres melocotones y un pimiento con 750 ml de agua, ras el hanout, sal, pimienta, aceite, vinagre de manzana y un poco de miel. Puedes caramelizar el melocotón, troceado y pelado, en una sartén o cazuela con una gota de aceite para potenciar su dulzura. Como en los demás casos, puedes añadir más agua si te parece que así queda demasiado espeso: cuando lo vayas a servir, añade un poco de feta desmigado por encima.

Sopa fattoush con pita tostada y rabanitos

La ensalada fattoush es típica de Oriente Próximo, especialmente Siria y el Líbano, una receta clásica de aprovechamiento del pan de pita que, frito o tostado, aporta crujiente y enjundia a una ensalada con ingredientes frescos; en este caso la convertiremos en una sopa, y el pan y los rabanitos harán las veces de topping. Para prepararla solo hay que triturar media lechuga con tres tomates, medio pimiento, dos pepinos medianos sin las puntas y la mitad de la piel, media cebolla, un puñado de hojas de perejil, medio de menta o hierbabuena, sal, aceite, zumo de limón y, si se encuentra, zumaque (todos los aderezos al gusto, pero debería quedar con un punto cítrico). Servir con un poco de pan de pita tostado o frito por encima -si no se tienen pitas a mano se puede usar pan normal, aunque el resultado será un poco diferente-, y unos rabanitos picados o en rodajas.

Guisantes, albahaca, aguacate, patata

Para conseguir una crema vegana con una textura impecable podemos usar bebidas o yogures vegetales, pero también hay un fruto que aportará toda la untuosidad que buscamos: el aguacate. Dora dos patatas medianas y una cebolla en una olla grande con un poco de aceite; cuando tengan color, cubre con un litro de agua o caldo de verduras. Pasados 10 minutos añade 800 g de guisantes y, cuando vuelva a hervir, cuenta cinco minutos. ya fuera del fuego, añade un puñado de hojas de albahaca y dos aguacates pequeños o uno grande, salpimenta y tritura bien. Prueba y rectifica el aderezo -el aroma y sabor de la albahaca aumentarán con el frío y el reposo- y la textura, añadiendo más líquido si quieres; cuando ya no esté caliente, lleva a la nevera y enfría bien antes de tomarla. Además, puede servir como receta de aprovechamiento para ese aguacate que esta mañana estaba como una piedra y, justo mientras te duchabas y no podías comértelo, ha decidido pasarse y ponerse marrón.

Brócoli, leche evaporada, cebolla, patata, miso

En una olla con un fondo de aceite, dora dos patatas y dos cebollas troceadas. Añade 800 ml de caldo de verduras, pollo suave o agua lleva a ebullición. Pasados nueve minutos, añade un brócoli cortado en floretes pequeños (y el tallo en daditos). Seis minutos después, saca del fuego, añade una cucharada de miso, 200 ml de leche evaporada y mucha pimienta recién molida. Tritura bien y ajusta el aderezo -puedes añadir más miso o sal- y si quieres pon un poco más de líquido; enfría y tómala como quieras. También puedes encurtir parte del tallo del brócoli con vinagre de arroz o manzana, un poco de azúcar y sal, y ponerlo por encima justo antes de servir para conseguir un contraste crujiente y ácido.

Vichyssoise de lechuga

Aunque por aquí solemos tomarla cruda, la lechuga también se puede cocinar (y está muy buena). Añadiendo una buena cantidad a una vichyssoise clásica conseguiremos una crema más ligera, ideal para tomar en frío. Pica una cebolla y la parte blanca de dos puerros y rehoga a fuego suave con una cucharada de mantequilla en una cazuela grande unos 20 minutos, salpimentando ligeramente a mitad de la cocción.

Cuando esté muy pochado, añade tres patatas peladas y troceadas y una lechuga romana también troceada (si tomamos mucha ensalada, podemos guardar las hojas más duras de tres lechugas para esto y comer cruda la parte interior, más tierna). Dejar pochar unos 15 minutos más y añadir un litro de caldo de pollo o verduras, hervir todo unos 15 minutos y triturar con 200 ml de leche evaporada; si se quiere más líquida, añadir un poco de agua o caldo y triturar de nuevo. Rectificar de sal y pimienta, y llevar a la nevera. Tomar bien fría, tal cual o con picatostes o unas lascas de queso curado.

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