Maldivas más allá del lujo

La foto es recurrente en los catálogos de viajes. Una villa sobre el mar con unas escaleras de madera para saltar a un océano de aguas cristalinas. La imagen popular de Maldivas se presenta estrechamente vinculada a los grandes complejos hoteleros internacionales de lujo, con precios prohibitivos para muchos viajeros y orientados a parejas y familias. Esa era la única oferta turística existente hasta hace 13 años, cuando quien quería conocer este pequeño país tenía que obtener una carta de invitación de un ciudadano maldivo. En 2008 el Gobierno concedió a los residentes la posibilidad de abrir pequeñas casas de huéspedes, hoteles de pocas habitaciones en las islas habitadas para poder beneficiarse también de la principal industria del país. En los últimos seis años se ha multiplicado la oferta de alojamiento y restauración para viajeros independientes y se ha convertido en un destino más asequible, con una temporada alta que se extiende de noviembre a abril. A pesar del aperturismo, es una república islámica donde la venta y el consumo de alcohol están prohibidos fuera de los grandes complejos hoteleros y la vestimenta de los turistas, a excepción de en las playas especialmente habilitadas para ellos, tiene que cumplir una serie de requisitos, como tapar hombros y rodillas.

Guía práctica

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