Los ataques a Huawei calientan las negociaciones comerciales entre EE.UU. y China

La nueva ronda de negociaciones comerciales entre EE.UU. y China, que arranca hoy en Washington, se antojaban tensas y llena de dificultades. Ahora, tras conocerse las imputaciones a Huawei y a uno de sus altas ejecutivas por parte de las autoridades estadounidenses, parecen una misión casi imposible. El lunes por la noche, el Departamento de Justicia de EE.UU. anunciaba una batería de cargos contra el gigante tecnológico chino en dos imputaciones diferentes: una en el estado de Nueva York, que afecta a la compañía, a dos subsidiarias y a su directora financiera, Meng Wanzhou, por fraude bancario, obstrucción de la justicia y violación de las sanciones a Irán; la otra, en el estado de Washington, se centra en el robo de propiedad intelectual, una de las acusaciones más repetidas por EE.UU. en las negociaciones comerciales con China.

Meng fue arrestada en Canadá el pasado 1 de diciembre por una orden estadounidense. Ahora está en libertad bajo fianza, pero EE.UU. ha pedido ya su extradición. Si la juzga la justicia estadounidense, podría enfrentarse a treinta años de cárcel.

El anuncio de las imputaciones fue el de las grandes ocasiones, con la presencia del fiscal general interino, Matthew Whitaker, y el director del FBI, Christopher Wray. Este último aseguró que la compañía «supone una doble amenaza a nuestra economía y a nuestra seguridad nacional».

Huawei, decepcionada

Respondiendo a las acusaciones, Huawei emitió ayer un comunicado donde se muestra «decepcionada al conocer los cargos presentados». La multinacional niega «cualquiera de las infracciones de la ley de EE.UU. expuestas en cada una de las acusaciones» y asegura no tener conocimiento «de ningún delito por parte de Meng». Con respecto a la acusación de robo de secretos comerciales, señala que «ya fueron objeto de una demanda civil que fue resuelta por las partes después de que un jurado de Seattle no encontrara daños ni conducta intencionada o maliciosa».

También reaccionó con dureza el autoritario régimen chino, que luce a Huawei como el buque insignia de su innovación tecnológica y tiene a su fundador, el antiguo militar Ren Zhengfei, como uno de los más ilustres miembros del Partido Comunista. «EE.UU. ha estado usando el poder del Estado para manchar y atacar a unas empresas chinas determinadas, destruyendo las legítimas operaciones de estas compañías», denunció en un comunicado el portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Geng Shuang, recoge el periódico «South China Morning Post». Aunque en su opinión «hay una fuerte motivación política y manipulación detrás de ello», prometió que «China está decidida a proteger los derechos legítimos de sus compañías».

Este es el clima en el que hoy se encontrarán Liu He, el representante comercial de China, que aterrizó en Washington casi al mismo tiempo que se conocían las imputaciones a Huawei, y Robert Lighthizer, que encabeza la representación de la Administración de Donald Trump. Sobre sus cabezas pende una fecha clave: el 2 de marzo, el día fijado por Trump para que, en ausencia de acuerdo, se apliquen aranceles del 25% a importaciones chinas por valor de 200.000 millones de dólares.

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