Libertad sin ira

¿Se acuerdan? «Libertad, libertad, sin ira, libertad…». Aquella melodía de las primeras elecciones democráticas, todavía se mantiene vigente, o debería, que el domingo, para la candidata de Ciudadanos, Inés Arrimadas, el derecho al voto le resultó un ejercicio de libertad cercenada y sobrado de ira. En Cataluña, la foto fija del 28 de abril dice que el voto independentista ha pasado del 32 al 36 por ciento, pero enfrente sigue teniendo el voto constitucionalista que supera el 58 por ciento. Es lo que han dicho las urnas en la última convocatoria, y no sé si ese resultado va a propiciar la libertad sin ira.

Además en esa fotofija nos encontramos una escalada de Esquerra Republicana frente a un hundimiento de los herederos convergentes, que en palabras de Salvador Sostres, han caído en la «irrelevancia social». Y ante esta situación pongo a un aficionado a los toros catalán, que los hay, y no pocos, y echo la vista a atrás… «Me han engañado, dónde está mi libertad». Demasiada ira, que uno no sabe si seguirá en esta Cataluña feliz, la que quiso crear a su imagen y semejanza el hijo del abuelo Florenci, ahora tan escondido entre sus hijos que entran y salen de prisión con pasmosa naturalidad. Alguien pensara si ha mereciendo la pena este viaje, para estar ahora donde estamos. Libertades perdidas e incumplimiento de las leyes. Insisto en que la lucha contra la Fiesta fue el primer bastión, un punto de inflexión del catalanismo hacia la huída secesionista. Así ahora tenemos a Puigdemont fugado, aunque el eufemismo nos diga que exiliado, y todo el banquillo ante el Tribunal Supremo… y la Monumental sin toros. Que no es ninguna broma, que todo forma parte de esa libertad sin ira que ya lleva alejada demasiado tiempo de estas tierras, otrora de acogida y ahora nadie sabe si de despedida. De la libertad, digo.

Ángel González Abad

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