Lecciones del ‘caso Archegos’

Es generalizada la opinión de que los instrumentos derivados (futuros, opciones y swaps) son muy arriesgados. Se cree que la asunción de posiciones largas (apuesta por una revalorización del activo subyacente) o cortas (en este caso se obtiene beneficio si el precio del activo cae) implican una exposición superior a hacerlo de forma directa. En definitiva, se piensa que el beneficio o pérdida en un derivado es muy superior al que se obtiene “al contado”. Y no es cierto. Al menos, si cuando se mide la exposición se tiene en cuenta el nominal del derivado. Como es sabido, este no coincide con el margen inicial que se debe desembolsar. Este importe es un porcentaje (de entre el 5% y el 20%) del nominal. En consecuencia, el uso de derivados (bien sea para asumir riesgos, bien para cubrirlos), implica un apalancamiento (que coincide con la inversa del porcentaje del margen inicial) que suele oscilar entre 5 y 20 veces (si el margen es el 20% o el 5%, respectivamente). Y he aquí el fallo: considerar que el importe expuesto es el margen inicial desembolsado, cuando realmente es el nominal.

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