La podemización del PSOE

El “sea humilde como yo” de Illa a Casado bien puede recordar aquella humorada del cura que predicaba la sencillez advirtiendo a los feligreses: “… y os lo digo yo, que a mí a modesto no me gana nadie”. La sesión del estado de alarma era un papelón y no es raro que arrastrase incluso a Illa, uno de los tonos más moderados de la política española, aunque a veces vaya de Atticus Finch a The Nutty Professor. A él le cayó ese papelón de defender un estado de alarma de seis meses sin control parlamentario; y además viendo cómo el presidente no sólo se escaqueaba de lo indefendible sino que además brindaba el desplante torero de largarse sin oír lo que tuviera que decirle el Congreso. Como en todo, basta la prueba del algodón de invertir el reparto: ¿cuál sería la reacción si un dirigente de la derecha actuara así? Este secuestro del control parlamentario, y más tras el bochorno del Poder Judicial, empeora la confianza. Y no bastan los discursos inflamados de Abascal o los ardides infantiloides de Ayuso para justificarse.

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