La maldición de Pesquera: por qué la herencia se puede quedar sin repartir | Fortuna

Cuatro días antes de su fallecimiento, el pasado 22 de mayo en Santander, Alejandro Fernández, de 88 años y fundador, junto a su esposa Esperanza Rivero, de Bodegas Pesquera, modificó su testamento, del que excluyó a tres –Lucía, Mari Cruz y Olga– de sus cuatro hijas, con las que no mantenía relación desde hacía más de tres años. En el documento de últimas voluntades declaró a su hija pequeña, Eva Fernández, heredera única y universal de todo su patrimonio, a la vez que dejaba a sus cinco nietas, a las hijas de las hijas desheredadas, el tercio de la legítima, la parte que se concede por ley a los herederos forzosos, que les correspondería a sus madres. Esto significa que a la hermana menor le tocaría el 75% del 49,72% que poseía su progenitor dentro del grupo familiar, lo que supone un 36,75% del total. Se nombra también como albacea a Pilar Sánchez Represa, abogada de Derecho de familia y amiga de la hermana menor, con un poder de cinco años. Este desenlace era previsible, afirman desde el entorno de la familia del bodeguero, que se enteró del fallecimiento del patriarca por un diario local de Valladolid.

El siguiente paso, asegura la misma fuente, es dirimir cómo se ejecuta esa herencia, dado que el matrimonio Fernández Rivera, tras casi 60 años de unión en régimen de gananciales, estaba separado, pero no había realizado la partición de los bienes. “Entonces, cómo puedes dar en herencia a alguien algo si no sabes lo que es tuyo”, afirma el portavoz de la familia, que asegura que hasta que se resuelva todo esto puede pasar más de una década. Como también advierte que el hecho de que el albacea no sea independiente “se puede recusar”.

El patrimonio familiar, asentado en Pesquera de Duero, que se compone entre otros de bodegas, fincas de olivos, ganadería, una empresa fotovoltaica y un hotel, se valoró en 2020 en 150 millones de euros. El año pasado, en plena pandemia, facturó 15 millones de euros. El grupo bodeguero da empleo a 120 personas y está presente en 75 países.

El conflicto se empieza a gestar en 2017, a raíz del despido como enóloga de Eva Fernández, el ojito derecho de su padre, que estuvo de acuerdo en un principio con la decisión familiar. Un año más tarde, el patriarca se pone de parte de la hija menor, es destituido de todos sus cargos en la empresa, denuncia a la familia de haberle apartado de la gestión, prohibido la entrada en la bodega y de arrebatarle todo. “Nadie le echó de ningún sitio, se fue a vivir a Valladolid y allí le dijeron cosas que no eran ciertas. Su familia siempre ha querido y esperado una reconciliación, y no hay nada más doloroso que enterarse de la muerte de un padre por el periódico”, detalla la citada fuente.

Junto a su hija Eva, Alejandro Fernández creó dos empresas con su sello: Tinto Pesquera S.L y Alejandro Fernández Tinto Pesquera Original. Por su parte, la familia decidió en 2019 cambiarle el nombre a la bodega, que pasó a llamarse Familia Fernández Rivera, conforme a un plan de modernización, que sigue en marcha y al margen de herencias y riñas familiares. “Lo más importante es que en el grupo se sigue trabajando como si no pasara nada”.

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