La coctelería de barrio que triunfa con su brunch

¿Qué es un ‘esmuch‘, ‘eshmuc‘, ‘smuk‘, ‘smurf‘ o como se diga eso del nombre?

Schmuck, quieres decir. La traducción literal sería ‘tonto’, pero desde una perspectiva gamberra. Moe Aljaff, padre de la criatura, lo define como “alguien que sabe que mañana tiene que ir pronto a trabajar, pero a pesar de eso se queda bebiendo hasta tarde”. Y Two Schmucks nació como un bar-coctelería del Raval, el barrio barcelonés donde terminaron viviendo Aljaff y su entonces socio, Ahmed Moussa AJ después de hacer una serie de eventos cocteleros efímeros en diferentes ciudades del mundo.

Ah, vale, es una coctelería finolis con nombre raro.

Qué raro, tú poniéndote simplista. Si con eso te refieres a su calidad, sin duda lo es: no es casual que ahora mismo estén en el número 26 de la lista de los 50 mejores bares del mundo. Además de Aljaff, Pom Modeste y Juliette Larrouy son las dos bartenders -ambas francesas- que preparan con experiencia, mimo y ojo clínico cada una de las fórmulas que hacen que los clientes habituales del local sean legión: les encanta su trabajo y se nota. Teniendo en cuenta que la decoración del local original se hizo con 2.000 euros y las manos de sus propietarios, no le llamaría finolis (aunque el presupuesto mejoró en una reforma posterior, el espíritu manitas prosigue: todas las obras las siguen haciendo ellos mismos, igual que los arreglos florales que decoran las mesas).

Claro, con lo mal que le ha ido a todo el mundo durante esta crisis seguro que se han endeudado muchísimo.

Pues no. Salieron adelante reforzados -de hecho su segundo local, Two Schmucks on a terrace, que funciona en la actualidad a pesar de las restricciones, gracias a una gran terraza y una oferta de desayunos y brunch, abrió hace un par de meses, y acaban de conseguir el traspaso de un tercero- gracias a diversas fórmulas que dieron buenísimo resultado. La primera, una colección de merchandising que sirvió para pagar el alquiler del local y otros gastos durante el confinamiento. Camisetas, gorras y calcetines que compraron no solo los clientes habituales, sino también gente de todo el mundo que había pasado por allí, les conocía por redes sociales o simplemente les gustó el diseño.

La segunda, encontraron un sistema para servir cócteles de grifo que, sin perder calidad y en un tiempo récord, permitían ofrecer bebidas de autor a cinco euros. Con una carta compuesta por estos cinco barrio cócteles -les llaman así por ser de barril y como reivindicación del barrio- y cinco preparados al momento que cambiaban según la temporada; aunque algunos han vuelto por petición popular con el ingrediente principal, como el Strawberry Kush, con ron blanco, pimienta de Sichuan, menta, cardamomo y Co2, y horarios ampliados, dieron con la fórmula del éxito.

Buf, cócteles inventados, qué pereza, Donde estén los clásicos…

También sirven clásicos, pero no al estilo clásico. Su bloody mary sabe “como lo que queda en el fondo del plato al terminarte la ensalada de tomate”, según sus creadoras; y eso en dicho por un francés significa a tomate, vinagre y mostaza, además de el jugo destilado del pico de gallo de Taco Alto, una taquería que hay a menos de 100 metros del local. También preparan Aperol Spritz, con cava y estragón, un Garibaldi con zumo de naranja espumoso y espresso Martini, con brandy de cacao y Jerez. Y el agua es gratis y abundante, un detalle que no solo se agradece al momento; también al día siguiente.

Pues es que justo quería algo diferente.

Ya es casualidad que te haya dejado de dar pereza ahora, ¿eh? En ese caso prueba el PC Highball, con whisky de cacahuete tostado, lemongrass y lima kaffir. O el refrescante Alpha, de ginebra, manzana verde, apio, jengibre y un toque de absenta.

Ay, que me acabo de acordar de que yo no bebo.

A partir de las 10 de la mañana también tienen a su barista, Garrido, preparando buenísimos cafés de especialidad que les distribuyen desde Hola Coffe, en todas las versiones que te puedas imaginar. También hay matcha, limonada de yogur y alguna bebida de temporada (con croissants artesanos y pudding de chía con fruta fresca para acompañar).

¿De comer qué más hay?

Bocadillos como el bahn mi de cerdo con encurtidos caseros, paté, chile y mayonesa japonesa -servido en la lujuriosa chapata de Pa de Kilo, que también hacen sus otros panes- o el Kimchi Philly de ternera con ternera, kimchi, cheddar y mayonesa de sriracha en brioche. También tienen platos como el Fried Chicken & Waffles, con un contramuslo jugosísimo de pollo con un rebozado crujiente, acompañado de un gofre casero, cebolleta, salsa picante de la casa y mantequilla de caramelo, pancakes de pato confitado con cinco especias, huevos escalfados y salsa barbacoa de ciruela salsa y ensaladas sabrosísimas como la Crispy Asian, con fideos de arroz, tofu, pomelo, menta, cilantro y una vinagreta picante de cacahuete y jengibre. En el lado dulce, gofres con plátano caramelizado y compota de mango y frutos rojos, un donut casero relleno de chocolate blanco y mascarpone con glaseado de naranja sanguina y otra propuesta que cambia cada semana, para que no te aburras.

¿Y los vegetarianos qué, no tienen derecho a comer?

Tienen, preparan versiones ovolacteovegetarianas y veganas del bahn mi. Y los Benedict, huevos escalfados con espinacas, queso, una salsa holandesa con un toque ácido adictiva y panceta, también pueden pedirse con tofu ahumado.

¿Cuántas cosas, no?

Pues sí; en Two Schmucks abrazan sin prejuicios la filosofía “más es más” y la ejercen de manera brillante: todos los sabores y las texturas están perfectamente equilibrados, y la sensación al final es la de un bocado redondo. Juegan con la combinación de picantes y ácidos, refrescan el cerdo con cantidad de verduras y van a tope con el sabor hasta en los platos que pueden parecer más sosos (puedes enchilarte con una de sus ensaladas).

Estás muy positiva hoy, algo malo tendrán.

Lo que podría criticar es en realidad culpa de mi estómago: las raciones son tan generosas que nunca puedo comer más de un plato (y no soy precisamente un pajarito). Compartir para poder probar más cosas es altamente recomendable. Cuando el fin de las restricciones lo permita, empezarán a servir cenas con una carta -un poco diferente en los formatos y tamaños, pero con la misma esencia-, en la que están trabajando ahora mismo. Y en su próximo bar, ahora mismo en obras, podremos encontrar comida de dinner americano.

¿No se van a liar con tanto local?

No. En el primero habrá cócteles de autor, en el segundo vinos naturales, cafés de especialidad y platos de estilo asiático en formato brunch y cena y en el tercero, cerveza, whiskeys y bourbon, comida americana y un karaoke.

¿Y dónde lo van a abrir, también en la misma calle?

Bingo. Puede parecer una apuesta arriesgada, pero tiene todo el sentido del mundo: podrás tomarte unos cócteles de autor en Two Schmucks, cenar en Fat Schmucks con un delicioso vino natural y terminar la noche berreando con tus amigos en la sala de karaoke del local aún por abrir, sin salir de Joaquim Costa.

¿Amigos? ¿Qué es eso?

Nada, nada, A veces se me olvida con quién hablo.

Seguro que ellos tampoco tienen muchos, si les va tan bien.

Te equivocas. No creen en la política del ganador único: tienen la teoría de que si a sus vecinos les va bien, a ellos también (y al revés). Son grandes defensores del tejido de barrio -estamparon y lucen camisetas con la leyenda “para todo mal, Raval, para todo bien, también”-, y tienen una excelente relación con todos sus vecinos.

Pues entonces no iré. No me gusta la gente que cae bien.

No te preocupes: seguro que a ti no te soportan.

Ah. Entonces sí voy.

Two Schmucks: Carrer de Joaquín Costa, 52, 08001 Barcelona. Tel. 635 396 088. Mapa.

Two Schmucks on a terrace: Plaça d’Emili Vendrell, 08001 Barcelona. Tel. 674 480 073. Mapa.

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