La buena vida de los contenedores

Una casa, un museo, un mirador, un restaurante… Las posibilidades de transformar un contenedor de carga en un espacio para vivir, el arte o el ocio parecen infinitas. Algo que no se le debió pasar por la cabeza a Malcom Purcell McLean, el empresario estadounidense que desarrolló el contenedor intermodal para transportar mercancías a mitades del siglo pasado. Puede que en los inicios fueran utilizados como una solución ante la falta de espacio y por ser una opción más económica, pero ejemplos recientes demuestran que pueden convertirse en proyectos arquitectónicos de vanguardia. Una década después del primer libro, la segunda entrega de Container Atlas: A Practical Guide to Container Architecture (Gestalten) documenta los proyectos más innovadores de los últimos años alrededor del mundo.

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