José Enrique Ayarra, «un gran tesoro para Sevilla y gran orgullo para España»

El de ayer fue un emotivo acto de recuerdo que la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría dedicó al que fuera académico numerario José Enrique Ayarra Jarne, canónigo y organista titular de la Catedral de Sevilla y el Hospital de los Venerables que falleció el pasado 18 de marzo.

El homenaje, que reunió a un centenar de familiares y amigos, comenzó con una misa en la capilla de la Academia que fue oficiada por los canónigos eméritos de la Catedral de Sevilla Manuel y José Luis Peinado. A continuación se celebró una sesión académica en el Salón Carlos III que fue inaugurada por la presidenta de la Academia, Isabel de León Borrero, marquesa de Méritos.

Durante su intervención, la presidenta definió al homenajeado como «mecenas del arte, artista, de los mejores organistas de Europa, un gran sacerdote, un gran amigo, y una gran persona», señaló. «En el padre Ayarra se unía una gran inteligencia, una gran bondad, agudeza, humildad y dos cosas fundamentales que le hacía ser una gran persona: la fidelidad y verdad. Siempre encontré en él un respaldo y un apoyo cuando entré de Presidenta en esta Real Institución, donde necesitaba un guía para ver mejor el camino que tenía que recorrer», añadió. Recordó también que «quiso dejar a la Academia su recuerdo más querido: “La Dame de L´Icorne”, bordado por su madre, que se puede contemplar en la sala de arte contemporáneo», dijo.

Recital homenaje en el Salón Carlos III
Recital homenaje en el Salón Carlos III – Rocío Ruz

Tras la lectura de las manifestaciones del padre Ayarra en la introducción de su testamento, a cargo del secretario general de la institución, Fernando Fernández Gómez, fue el presidente de la sección de Música, Ignacio Otero Nieto, quien disertó sobre «El padre Ayarra, artífice del renacimiento del órgano en Sevilla», intervención leída por el censor de la corporación, Emilio Gómez Piñol, por ausencia de Otero.

Las palabras describieron el panorama que se encontró «nuestro llorado compañero al tomar contacto con esta ciudad, con la que adquirió un compromiso serio y constante en los diversos frentes en los que le fue posible trabajar a partir de su nombramiento de organista titular de la Catedral de Sevilla, desde donde comenzó una labor desconocida hasta entonces como fue la de acercar el órgano a los sevillanos a través de los conciertos que, si en un primer momento estos fueron acompasándose a las conmemoraciones sacras, históricas y artísticas de la Archidiócesis y la ciudad, después serían seguidas de los Ciclos de Cuaresma, que patrocinaba la Real Maestranza de Caballería», recordó.

Pero, «por encima de todo, el norte de su vida fue la elevación de la música de culto para lo que no ahorró esfuerzos ni consejos, hasta el punto de formar a las monjas de clausura en todo lo concerniente a una correcta realización de las obras que interpretan a diario en alabanza del Todopoderoso, alabanza que, a buen seguro, seguirá y a la que añadirá la suya el gran organista desaparecido para conseguir el más hermoso de los tuttii», añadió para concluir su intervención. Tras la intervención del académico Juan Rodríguez Romero se celebró un recital a cargo de un quinteto de cuerda, tras el cual se dio por concluido el acto homenaje.

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