Historia maldita de Sevilla

José Manuel García Bautista

Hay sucesos que toda ciudad quiere olvidar, desde matanzas a asesinatos pasando por decisiones erróneas que pueden afectar a una ciudad o un reino. Hoy hablamos de algunos de ellos.

El fin de los judíos en España

Con la caída del reino de Granada, los Reyes Católicos logran la unificación de todo el territorio nacional. Acabada la lucha con los musulmanes, los reyes comenzaron su particular lucha contra los judíos ya que el paso siguiente era la unificación religiosa de España, de Castilla y Aragón.

El 30 de marzo de 1492 se promulga el edicto de expulsión. Según cifras facilitadas por el sacerdote de Los Palacios, se estima que fueron unas 35.000 familias, unas 80.000 personas.

El Tribunal de la Inquisición no tuvo piedad y expulsó a niños, ancianos, enfermos…

Así, el horror de aquella expulsión hizo recordar los peores tiempos de las persecuciones en el Imperio Romano contras los cristianos. Aunque en Europa también se produjeron este tipo de purgas internas (religiosas o ideológicas) en diferentes países.

En Sevilla se «suprimió» la Judería en 1391, matanza incluida, hasta su expulsión en 1492, un año para la Historia de España por diferentes motivos.

El día que bombardearon Sevilla

Fue en 1843 cuando Sevilla se ve envuelta en la guerra que vivía España. El ejército del general Van Halen llegó a al ciudad para reducir a los sublevados y en torno a ella emplaza las baterías de artillería.

El Regimiento de Aragón aguantó el empuje militar de los sitiadores en la zona de La Calzada y de la Cruz del Campo; sin embargo, las piezas de artillería fueron disparadas desde la Huerta de Santa Teresa alcanzando el Convento de Santa Inés y el Convento de Nuestra Señora de los Reyes. La Casa de Pilatos y otras muchas zonas de Sevilla también resultaron afectadas.

El 27 de Julio de 1843 llega a Alcalá de Guadaíra el general Espartero para junto con el general Van Halen asaltar la ciudad.

Sin embargo, cuando parecía que iba a suceder lo inevitable, el poder es tomado en Madrid por el partido moderado tras el pronunciamiento de los generales en Torrejón de Ardoz; Espartero y Van Halen levantan el sitio y no atacan la milenaria ciudad hispalense.

Más gratificante, para finalizar, es nuestra casi olvidada historia relacionada con un torero de arte y tronío.

El abanico de Costillares

En los albores del siglo XVIII en Sevilla, Costillares fue una de las grandes figuras del toreo. En torno a su figura es escribió una curiosa anécdota que dice así:

Por los años de 1770 era la primera figura indiscutible del toreo el gran Costillares, ídolo de las multitudes, y a quien admiraban los hombres y de quien se enamoraban las mujeres. Vino Costillares a torear a la plaza de la Real Maestranza y, durante la lidia, en uno de los momentos en que se acercó a la barrera mientras sus compañeros hacían los quites a los banderilleros, una señora que estaba en la primera fila le tiró su abanico, pidiéndole que al terminar la faena se lo firmara.

El torero tomó el abanico en sus manos, sonrió a aquella dama, pidió al mozo la espada pero no la muleta, y armado del estoque y al abanico se dirigió al bravo animal. Abrió el abanico y comenzó a torear al astado animal con el mismo como si de una muleta se tratara causando el asombro de los tendidos del prestigioso coso sevillano.

Llegado el momento de dar muerte al animal lo hizo con el mismo abanico logrando una gran estocada que acabó con la vida del toro en el instante.

Costillares se dirigió a las tablas y solicitó algo para escribir dejando en el mismo las siguientes palabras a modo de dedicatoria: «Yo no firmo abanico sin historia».

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