Ensalada de remolacha con aliño cremoso de hierbas

La madre de mi amigo Luis le preparaba batidos de remolacha -cruda-, naranja, perejil y ajo cuando era pequeño. No tengo duda de que esos batidos no eran otra cosa sino un bienintencionado y cariñoso intento por hacer de él un niño sanote y fuerte. Sin embargo, el resultado final fue otro: Luis, predeciblemente, odia la remolacha.

Los recuerdos gastronómicos de la infancia nos acompañan, para bien y para mal, durante toda la vida. Hay alimentos que no nos gustaron y no nos gustarán nunca, es inevitable. Pero hay otros tantos que se pueden cambiar de bando si les damos las oportunidades suficientes, esto es: cocinarlos, combinarlos y comerlos de maneras distintas.

Esta ensalada es una invitación para aquellos que no son muy amigos de la Beta vulgaris. Combinada con un aliño cremoso de hierbas con una base láctea -receta de Samin Nosrat, de su libro Sal, Grasa, Ácido, Calor- y añadiendo también huevo cocido, el sabor terroso de la remolacha se suaviza notablemente. Para darle un toque más dulce aún, es buena idea hornear las remolachas en vez de cocerlas, o, si las compras ya cocidas, darles un golpe de horno para que la parte externa se caramelice.

No sé si esta ensalada le gustaría o no a mi amigo, pero algo me dice que al menos le invitaría a probarla. Quizás, con suerte, empiece a gustarle la remolacha.

Dificultad: menos diez.

Ingredientes

Para 4 personas

Preparación

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