El Pacífico colombiano, donde la selva se funde con el mar

Es imposible viajar a Nuquí y que no te cambie la vida. Al menos por el tiempo que uno permanece allí, la vida parece tener otro valor, otro ritmo. No hay museos, ni ruinas antiguas que visitar, ni siquiera asfalto, tan solo naturaleza en su estado más puro. La pista de aterrizaje del aeropuerto de Nuquí es tan pequeña que solo pueden llegar avionetas de 19 pasajeros. La avioneta que sale de Medellín tarda 50 minutos en hacer su recorrido; la impresionante vista de la ciudad desde arriba deja paso al blanco de las nubes, en algún claro se pueden ver montañas, pequeñas aldeas y nubes de nuevo. Como si nos quitaran las manos de los ojos, las nubes se evaporan y aparece la selva; un denso manto verde que a ratos se rompe por una serpiente de agua. La selva termina bruscamente y, de repente, el mar.

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