El combate al envejecimiento de la población: natalidad, productividad e inmigración | Economía

La situación demográfica y los efectos que tiene sobre la sociedad, la economía y sobre el futuro del país son cuestiones que no se han analizado con profundidad por los políticos, que aún no han sido capaces de dar respuestas a los desafíos demográficos. Estas cuestiones son las que se han abordado en el último encuentro de Foro Futuro, el observatorio de tendencias económicas que organizan CincoDías y Banco Santander. Cuatro expertos en diferentes áreas analizaron ayer en un encuentro telemático los efectos de la demografía y la inmigración sobre el mercado laboral y el Estado de bienestar.

Elisa Chuliá, profesora titular de Sociología de la UNED y directora de estudios sociales de Funcas, dotó de contexto el debate al exponer los cambios demográficos que se han producido en tan solo siete meses, el tiempo que lleva golpeando sin tregua el Covid-19 en España. “La letalidad del virus y su mortalidad han marcado la agenda informativa como no había hecho ningún otro acontecimiento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial”, comentó.

Según Chuliá, ya existen informes de demógrafos que arrojan luz sobre las transformaciones que la pandemia ha causado en tendencias demográficas en curso, aquellas que venían desarrollándose y evolucionando año tras año sin una sola excepción en las últimas décadas.

Una de ellas es la tasa de natalidad, tradicionalmente baja y que es una de las herramientas de combate del envejecimiento, junto con la mejora general de la productividad de la economía y los flujos migratorios regulados.

El INE vaticina que el número de nacimientos se vería reducido durante los próximos ocho años. “Aunque empezará a crecer una vez lleguen a la edad de fecundidad los nacidos a finales de los años noventa y 2000”, indicó Chuliá. La crisis sanitaria, no obstante, ha empeorado la proyección y reducido los datos de natalidad por la ­caída de los nacimientos producidos durante los últimos meses de 2020. “Algunos informes indican que las personas que perseguían con más vehemencia tener hijos han abandonado estos planes y, además, se han interrumpido muchos procesos de reproducción asistida durante la crisis sanitaria”, argumenta.

Políticas natalistas

Fernando Fernández, profesor de Economía del IE Business School, afirmó que las consecuencias económicas del envejecimiento de la población van mucho más allá de lo que se tiende a considerar. “Afecta al consumo, a la inversión, a la productividad, al ahorro, al gasto sanitario y a los tipos de interés”, sostuvo. Para el profesor, en esta reflexión radica la necesidad de implementar políticas natalistas. “Es importante considerar el crecimiento vegetativo como una variable fundamental para mantener el crecimiento de la economía”. Según este economista, España podría copiar modelos que se están llevando a cabo en Francia o Alemania con “excelentes resultados”. Chuliá añadió que “posponer la maternidad implica un riesgo porque la fertilidad se reduce”.

Para Santiago Carbó, catedrático de Análisis Económico de la Universidad de Granada y director de estudios financieros de Funcas, hay que buscar primero las causas de porqué tenemos un problema de natalidad, que nunca se ha analizado. Y para solventarlo echa de menos un “sistema profundo de incentivos, no detalles como los permisos de maternidad o paternidad: se precisan varias medidas combinadas”.

Francisco Pérez, profesor emérito de la Universitat de València y director de Ivie, asegura que “el envejecimiento produce la escasez de recursos humanos productivos”. Además, a esta falta de productividad se suma que hay fuerza de trabajo desaprovechada debido a la elevada tasa de desempleo. Según las últimas cifras publicadas, la tasa de paro entre la población menor de 25 años es del 40% y la cifra de parados mayores de 35 años supera los 1,5 millones. “Hay un potencial demográfico desaprovechado entre los jóvenes; si nos preocupa una pirámide demográfica estrecha en su base, también debería preocuparnos este punto”, advierte el director de investigación del Ivie. “Deberíamos reflexionar acerca de por qué esa fuerza de trabajo compite mal en el mercado laboral o sobre el riesgo de desafección de los jóvenes ante la falta de oportunidades”, añadió Pérez.

Migraciones

Las medidas decretadas para frenar la expansión del virus han desplomado las entradas de migrantes a España. En 2019, el saldo migratorio fue de 450.000 personas y, para finales de 2020, la cifra quedará reducida a una cuarta parte, en torno a 110.000 personas, según estimaciones del INE. “Esto no ocurre porque se haya reducido la presión migratoria, sino porque las principales vías de entrada están restringidas”, explicó Chuliá. En todo caso, la llegada de inmigrantes comenzará a aumentar a partir de 2021 y se convertirá en el principal factor de crecimiento de la población en España, según el INE. Si se cumple la proyección, en 2070 casi un tercio de la población española será de origen extranjero.

“La evolución de la migración se acepta con normalidad y no preocupa demasiado a la sociedad. Los políticos y los analistas la consideran como la solución para sostener el Estado de bienestar y no tratan de resolver cuestiones como los deseos de natalidad frustrados, la falta de productividad o de crecimiento económico, tan importantes para aumentar los ingresos del gasto social”, indicó Chuliá. Para la socióloga, el recurso de la migración es fácil de enunciar pero difícil de implementar. “Apostar por la inmigración implicaría una labor de coordinación que no se está haciendo: la apuesta es siempre a corto plazo. Creo que ignorar el problema de la natalidad es un error”, abundó.

Fernández se sumó a la exposición de Chuliá. “Es evidente que la inmigración como solución al invierno demográfico es una respuesta ingenua, es la no solución. En las condiciones actuales la cotización media con la que entran los migrantes en el sistema económico está muy por debajo de la pensión media, por lo que solo van a aumentar el déficit de la seguridad social”, señaló el profesor del IE.

Santiago Carbó abundó aún más en el problema. “La inmigración es insuficiente para abordar los retos demográficos, se necesitan una batería de medidas, no solamente una”, expuso. “El problema es estructural y, aunque crea que la inmigración puede ayudar, se necesitan más soluciones; y la gran pregunta es si es sostenible el Estado de bienestar y los niveles de deuda del país”.

Chuliá abogó por planificar los flujos migratorios dentro del territorio y por establecer políticas de integración que requieren gasto público. “La inmigración no son todo ingresos”, afirmó la experta. “Hay que tratar de debatir estos temas sin atravesarlos por cuestiones políticas o ideológicas”, aseveró. Fernández se sumó a la socióloga y criticó la manera en la que se gestiona la política migratoria. “Hay que organizar los desafíos que plantean las segundas y terceras generaciones de inmigrantes y plantear mejores políticas de integración”, explicó.

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