El boom de los niños prodigio del ajedrez

La fábrica de genios está caliente. Gukesh Dommaraju se convirtió hace unos días en el segundo gran maestro más joven de la historia, semanas después de proclamarse campeón del mundo sub 12 en Santiago de Compostela. El indio logró el título más alto del ajedrez con 12 años, 7 meses y 17 días. Esos 17 días fueron justo los que le impidieron lograr el récord de precocidad, que mantiene el ruso -aunque era ucraniano cuando lo alcanzó- Sergey Karjakin.

No son casos aislados. El campeón del mundo, Magnus Carlsen, es GM desde los 13. El uzbeko Javokhir Sindarov lo consiguió a los 12 años, 10 meses y 15 días, también el año pasado, y Rameshbabu Praggnanandha, otro prodigio indio que ya ha jugado en León, solo necesitó ocho días más.

Es bien sabido que el ajedrez, la música y las matemáticas son las tres actividades en las que surgen más niños prodigio. Parece imposible que aparezca un escritor prodigio, por ejemplo, porque es un arte que requiere experiencias vitales. En la mayoría de deportes, por otro lado, el desarrollo físico es fundamental. El ajedrez tiene la ventaja añadida de que los progresos se miden con puntos Elo y títulos como el de Maestro Fide, Maestro Internacional y Gran Maestro.

Es difícil saber dónde está el límite. El español Paco Vallejo, que también fue un niño prodigio (GM a los 16), no descarta que veamos a uno de diez años. «¿Por qué no? Siempre hay margen de mejora, aunque quizá falten muchos años». La clave, en opinión del excampeón del mundo juvenil, es que «el acceso a buen material se ha democratizado mucho gracias a internet». Hoy es posible aprender desde cualquier país en un buen puñado de páginas web y estudiar con grandes profesores. Él mismo colabora en Chess.com y retransmite partidas en Twitch (como GMVallejo).

El psicólogo de ajedrez Carlos Martínez no cree que sea tan fácil rebajar mucho más la edad, sin embargo. «Para jugar bien y rendir como los mejores se necesita una serie de habilidades cognitivas y emocionales, como planear y organizar información, flexibilidad del pensamiento y capacidad para controlar impulsos». Estudios recientes, añade, señalan que «alrededor de los 12 años los niños alcanzan una organización cognoscitiva similar a los adultos, aunque las funciones siguen desarrollándose después». Por esta razón, se podría pensar que el límite es justo ese.

Otra psicóloga centrada en el ajedrez, María Rodrigo Yanguas, añade a las variables ajedrecísticas las mejoras nutricionales, que producen un mejor funcionamiento cuerpo-mente y la estimulación cognitiva temprana. También cita el «efecto Flynn», cuyo nombre debemos al investigador neozelandés James R. Flynn y que justifica al aumento del cociente intelectual generación tras generación. «Es un tema controvertido y la explicación de la ganancia en inteligencia no es del todo clara. Parece que pueden influir la mejora nutricional, el estilo de vida y la estimulación cognitiva», opina. El hecho es que un análisis realizado en 31 países durante un siglo (1909-2013), con un total de cuatro millones de participantes, indicó un aumento general del CI: 0,41 puntos en inteligencia fluida, 0,30 en capacidad viso-espacial, 0,28 en la escala completa y 0,21 en inteligencia cristalizada.

Aún más relevantes parecen las ventajas que disfrutan los jugadores actuales, explica Vallejo. «Es incomparable por la facilidad para jugar torneos en todo el mundo, el material existente… Que Bobby Fischer lo lograra con 15 años era mucho más meritorio que llegar hoy a GM con 12». El acceso a los ordenadores para mejorar su juego es otra gran ventaja. «Ocurre algo parecido con la natación y los trajes de baño», añade el gran maestro menorquín.

Aluvión de chinos e indios

Un factor que llama la atención es la proliferación de niños indios y chinos, algo que no solo se explica por la enorme población de estos países. «En India tienen un ídolo como Vishy Anand, que ha tirado del carro», cuenta Vallejo. «Además, es un deporte increíblemente barato, lo cual facilita que en un país con esa población muchos busquen una salida como ajedrecistas. China me parece un caso diferente. No hay un ídolo tan claro, pero sí han profesionalizado mucho a los que destacan».

«Como impresión personal», prosigue el ajedrecista español, «me parece que las supuestas “sociedades avanzadas” están terminando con la cultura del esfuerzo». Carlos Martínez coincide con esta opinión: «La cultura asiática tiene un mayor respeto por el trabajo a medio-largo plazo, frente al individualismo y los resultados rápidos» que buscamos casi siempre en Occidente.

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