Doce secretos marineros en España

El pulso de su tráfico pesquero late cada vez menos, pero siguen destilando sabor añejo. Son puertos ignotos, recoletos, en los que prima la tranquilidad, empapados en sal y algas, y con los que se topa el viajero por una cadena de azares. Conocidos ya los de Calella de Palafrugell, Getaria o Cudillero, por poner tres destinos hegemónicos, sumaremos este verano 12 secretos porteños siempre preparados para que alguien los retrate.

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Buceo y pesca de tradición milenaria en La Azohía (Murcia)

Acostado en el cabo Tiñoso, que guarda una de las franjas costeras mejor conservadas del Mediterráneo peninsular, el caserío pesquero de La Azohía, en la bahía de Mazarrón, es un cul de sac en el que se respira una quietud digna de épocas preturísticas. Su punto fuerte es el buceo —con Rivemar entre las empresas veteranas —, que se beneficia de las mejores paredes rocosas submarinas de la región levantina, declaradas reserva marina. A pie se llega en 15 minutos a la magnífica torre hexagonal de Santa Elena, desde cuya terraza se divisan, hasta finales de junio, las boyas de la almadraba más antigua del Mediterráneo español formando su peculiar jeroglífico. Para después del baño en la playa de San Ginés, de arena fina y en la que flamea la bandera azul, se pueden reservar las deliciosas fusiones asiático-murcianas que Mariam Porras, viajera por el mundo, desgrana en su restaurante Deskaro.

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