Cuando esperar una semana la llegada de tus compras por Internet puede alargar la esperanza de vida | Nuevos Tiempos en EL PAÍS

50 millones de envíos de paquetería. Las previsiones de la patronal UNO Logística sobre los pedidos durante esta semana del Black Friday superan un 30% a las entregas del año pasado. Una media de 3,5 millones por día que refleja el auge del comercio electrónico de la era covid. Más compras por habitante con una exigencia clara: que lleguen lo antes posible y sin gastos de envío. Prerrogativas que las empresas de paquetería luchan por hacer realidad ante la gran competencia que se ha instalado en el sector logístico.

Pero esta comodidad tiene un alto precio, tanto para el tejido empresarial de nuestro país como para toda la ciudadanía. Por un lado, la demanda de una mayor rapidez aprieta a las compañías de paquetería ante el alto coste que supone cumplir dicho cometido y la gratuidad de los envíos asfixia a las pymes, que no pueden subsistir con estos márgenes. Y por otro, este consumismo, especialmente en fechas como el Black Friday, incrementa la huella de carbono que amenaza con dañar irreparablemente el medio ambiente.

Dese hace varios años, miles de expertos de diversas áreas (empresas de paquetería, universidades, asociaciones ecologistas, etcétera) invitan a que la sociedad reflexione sobre la importancia de fomentar un hábito de consumo sostenible, y ello implica modificar la forma en la que compramos por Internet y la opción de envío que seleccionamos para que nuestros paquetes lleguen hasta nuestra casa. “Nos hemos acostumbrado a tener las cosas en el momento. Debemos ser conscientes de que eso tiene consecuencias para nuestro entorno. No todo es urgente, pero cuidar del planeta, sí”, explica Elena Fernández, subdirectora de Relaciones Internacionales, jefa del Departamento de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y Sostenibilidad de Correos. El primer paso, explica la especialista, es conocer qué sucede cuando clicamos en la opción de envío más rápida en una tienda online.

¿Qué es realmente urgente?

Aunque nos hemos acostumbrado a comprar a cualquier hora y en cualquier momento del día (uno de cada cinco estadounidenses lo hace cuando está en el baño, según una investigación de la Universidad de California), la gestión logística de nuestros pedidos obedece a unos tiempos y horarios muy marcados para que las empresas de paquetería puedan tejer rutas de reparto eficaces. Desde hace años, las tiendas online advertían de que comprar un producto (normalmente) a partir de las 18.00 horas podía demorarse un día más en llegar a tu puerta, ya que estos negocios hacían llegar a esa hora todos los pedidos de la jornada a los centros logísticos, que luego los distribuían por los hogares. Los periodos de entrega, por entonces, rondaban la semana, con pagos especiales para envíos más rápidos. Circunstancia asumible para estas empresas. Eso se ha roto: el tiempo normal se ha establecido en dos días, e incluso en 24 y, a veces, en 12 horas.

Esta ansiada rapidez de los clientes obliga a las tiendas y a las empresas de reparto a saltarse esas franjas horarias y utilizar furgonetas o camiones a medio llenar para cumplir con el tiempo de las entregas. “Cuando se realiza un envío urgente, tenemos que ser conscientes de que se necesita un mayor número de vehículos, ya que no se puede esperar a recibir más carga para llenar todas las furgonetas. Y las tecnologías elegidas para transportar estas entregas urgentes tampoco son las que menos CO2 emiten”, cuenta Fernández.

Este punto no solo afecta a la economía de las empresas (doblar en varios años el gasto logístico con los mismos márgenes de beneficios que hace cinco es financieramente inviable), sino que puede afectar a nuestra salud. De hecho, la contaminación atmosférica en las grandes ciudades provocó 92.672 muertes prematuras durante la primera década del milenio, según los últimos datos analizados en 2019 por el Observatorio DKV de Salud y Medio Ambiente. Cifras que señalan un periodo de tiempo anterior al auge del e-commerce y el crecimiento de envíos masivos, por lo que con toda probabilidad las emisiones son más grandes ahora y las consecuencias, previsiblemente, mucho peores.

De ahí la importancia de que cada uno sepa elegir cómo comprar. Miguel Jaller, experto sobre transporte sostenible en la Universidad de California, no duda de que son los clientes los que deben dar más flexibilidad a las empresas. “Con un plazo de entrega de cinco días, [las compañías] pueden esperar a que todos los productos lleguen de diferentes destinos y consolidar todos los envíos en, digamos, un camión completo”, explica Jaller sobre el gran ahorro de combustible y de gestión que se puede ganar con plazos de entrega de una semana. Algunas empresas ya han añadido una pestaña en sus opciones de Envío verde o Envío responsable, con el que esta se compromete a enviarlo de manera sostenible en un plazo más largo de entrega. “Recibir un producto en 24 horas o incluso en 12 horas no tiene un impacto significativo en nuestro día a día. Si embargo, sí lo tiene para el medio ambiente”, dice Fernández.

¿Sabes si eso es de tu talla?

Otro de los caballos de batalla de las empresas paqueteras y las tiendas online (y que también afecta gravemente al medio) son las devoluciones. De hecho, en los últimos años estas han crecido en torno a un 10% durante la semana del Black Friday, según estimaciones de UNO Logística. Cabe pensar que este año aumentarán debido a las restricciones de movilidad y la bajada del comercio en las tiendas físicas (hasta un 27% menos de ventas, según datos de la empresa de cashbank iGraal, perteneciente a Global Savings Group). A esto se le suma que cada vez son más las empresas que ofrecen un servicio de devoluciones gratuito y también en un plazo corto de tiempo. Esto incrementa el uso de vehículos, que generan más problemas de tráfico y más emisiones. “Los consumidores tienen que darse cuenta de que una devolución duplica las emisiones de CO2 de un pedido normal. Solo en EE UU, las devoluciones totales generan al año un total de 15 millones de toneladas. En Europa los datos son similares”, advierte Fernández.

Existen opciones para reducir esta logística inversa. Para la ropa, la más sencilla es buscar tablas de tallas en Internet, es decir, un índice comparativo de medidas según la marca o la tienda en la que se quiere comprar para acertar a la primera. Hay empresas que ya incorporan esas guías en sus tiendas web. Desde luego, la opción de comprar la misma prenda con diferentes tallas, quedarse con la acertada y devolver el resto debe ser descartada. Para otros productos como los dispositivos electrónicos es aconsejable ir al establecimiento físico para probarlo y luego comprarlo desde casa.

Green Friday y otras alternativas sostenibles

De nada sirve seguir los pasos anteriores si no investigamos de dónde proceden los productos que compramos. Es decir, si están fabricados de manera sostenible y con condiciones laborales justas. De sobra son conocidas las plantas textiles de coloración de países en vías de desarrollo que utilizan productos dañinos con el medio ambiente y mano de obra infantil. Un negocio que no deja de crecer a causa del consumismo desmedido. En contraposición, hay tendencias como el movimiento slowlife (vida lenta, en castellano) que ha nacido para fomentar una forma de vida menos ajetreada y con un abastecimiento más sostenible, con productos de negocios de proximidad (o mercado justo) y sin acumulación de objetos innecesarios. “No hay que olvidar que este tipo de compras no solo mejoran la economía de un país, sino que también son más respetuosas con el medio ambiente. Un envío internacional es tres veces más contaminante que uno nacional”, advierte Fernández.

Por otro lado, asociaciones ecologistas y representantes de la Comisión Europea han creado el Green Friday, una alternativa al Black Friday que busca incentivar a la ciudadanía hacia un consumo menos compulsivo durante estos días. Incentivan para pasar ese día en el campo, con la familia o, en el caso de comprar, que se haga en establecimientos con un modelo de negocio sostenible. También hay otras iniciativas similares de corte solidaria, como el Giving Tusday, que propone destinar el primer miércoles de diciembre una ayuda económica o material a causas sociales.

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