Covida

No es otra forma femenina de covid, sino un tipo de convivencia que he estado practicando desde hace cosa de un año. Llegaron sin darse a conocer, y los primeros días iban con discreción, quizá porque nosotros estábamos entonces a todas horas pegados al televisor y la prensa, con guantes en las manos y antifaz en la cara. Pero fueron ganando confianza, y terreno, hasta que la lascivia, que no sabe callar, les delató. No voy aquí a jactarme de ornitólogo, pero sí me tengo por fisonomista. Una tarde de tedio, después de fijarme mucho, caí en la cuenta de que la pareja era siempre la misma, sin alterne: unos enamorados colombófilos que habían elegido mi terracita como nido okupa; de edad indefinida y sexo indescifrable, aunque procrearon más de una vez en el largo encierro y fueron buenos padres con sus huevecillos. Quizá todas las palomas felices se parecen.

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