Conil de la Frontera, blanca villa atunera

Conil de la Frontera es un poco de Atlántico, otro poco de almadraba, una pizca de levante y un sinfín de paredes encaladas que reflectan la característica luz de este rincón gaditano. Nació cuando, a finales del siglo ­XIII, el rey Sancho IV de Castilla dio el permiso a don Alonso Pérez de Guzmán para capturar atunes en la zona y se creó la primera almadraba. Bajo la protección de esta tradicional técnica de pesca se fue construyendo un laberinto de calles alrededor del antiguo castillo, de la misma forma que los pescadores trazan una maraña de redes para atrapar a estos plateados peces. Y al igual que la impresionante levantá de la almadraba se hace exclusivamente con la fuerza del hombre, Conil se alzó gracias a la persistencia de la misma gente del mar. Hoy ese mismo mar la ha transformado en una localidad de unos 23.000 habitantes, con afluencia turística gracias a sus interminables playas, la sugerente gastronomía local y esa esencia de pueblo de pescadores que aún conserva.

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