Confinados en un único planeta | Pienso, Luego Actúo

Durante el confinamiento los jilgueros han cantado más bajito porque no necesitaban elevar el tono. Miles de coches y humanos nos escondimos, eliminando el jolgorio que siempre les hizo trinar más alto. Mientras nosotros nos encerrábamos cada vez más, la naturaleza se abrió camino y los pájaros abandonaron las copas de los árboles para hacerse los dueños de la ciudad. Este cambio de protagonismos es una metáfora que explica una de las lecciones más poderosas que nos ha regalado esta crisis: nada es nuestro, ni siquiera las ciudades, somos vulnerables y tenemos que reinventar nuestra relación con la naturaleza para no volver a tropezar, para compartir espacios y proteger el equilibrio natural, porque todos estamos confinados en un único y frágil planeta.

Cuentan los ornitólogos que durante este cambio de papeles entre los hombres y los pájaros, la gente ha aprendido a observarlos en silencio desde sus casas –ahora más nidos que nunca–, a darles más valor, a admirar sus cantos y sus vicios y a despertar vocaciones dormidas. Niños con mucho tiempo libre y que solo dibujaban gaviotas han aprendido ahora a distinguir los carboneros y verdecillos que parecen venir a darles clases desde las barandillas de sus terrazas. Campañas y hashtags en redes sociales como #QuédateEnElNido y #AvesDesdeCasa han impulsado el interés por lo natural, por el detalle, por lo sencillo y han ayudado a reflexionar sobre nuestro verdadero papel dentro de este ecosistema global. No es solo una pausa para ver pájaros, es un momento para mirarnos a nosotros mismos.

“Yo, desde mi ventana, hay veces que escucho cantar al águila imperial”, cuenta Luis Martínez, biólogo y uno de los técnicos que colabora con #QuédateEnElNido, la iniciativa de la ONG SEO Birdlife para reconectarnos con la naturaleza mediante talleres online y maratones ornitológicos. Luis hace un poco de trampa, porque ha pasado el confinamiento en Fresnedillas de la Oliva, pueblo de la Comunidad de Madrid, pero insiste en que todos somos un poco como James Stewart en La ventana indiscreta: “El empezar a prestar atención a esas cosas que siempre están ahí es algo que te permite una desconexión. La gente ha descubierto que detrás del ruido y de las prisas hay naturaleza en la ciudad”.

Hay que ser optimistas. En las peores condiciones de reclusión social, cuando solo disfrutamos de la naturaleza en películas o en sueños, ese pájaro de vivos colores en nuestro alféizar, esa pausa para cuidar y ver crecer las petunias de nuestra terraza o ese pequeño brote de hierba que fluye entre los adoquines de nuestra acera nos han ayudado a relativizar nuestro verdadero protagonismo en lo natural, nuestra irrelevancia en sus ritmos biológicos y han trabajado más nuestra conciencia ecológica que mil documentales o campañas sociales. “Probablemente empecemos todos a valorar, no solo la naturaleza que tenemos cerca, también la que tenemos más lejos”, insiste Luis.

Puede que sentirnos débiles, vulnerables y a merced de un bicho invisible y microscópico sea el primer paso para repensar conductas y trabajar unidos para que el jilguero pueda entonar siempre su reclamo sin necesidad de trinar más alto.

‘Con-sumo‘ cuidado

Pero no solo los pájaros han estimulado esta reflexión desde nuestras barandillas, sino que otros pequeños detalles durante la cuarentena nos han ayudado a recapacitar acerca del impacto de lo individual sobre lo colectivo y lo colectivo sobre el planeta. Laura Villadiego es periodista, licenciada en Ciencias Políticas y una de las fundadoras del colectivo Carro de Combate, un nombre que se explica por sí solo. El carro es el de la compra y el combate, la necesidad imperiosa de disciplinar nuestro consumo para aliviar el impacto medioambiental con una actitud crítica y retadora porque “el consumo es el mayor acto político”. Desde su web han propuesto como iniciativa un directorio de tiendas para practicar un consumo sostenible y responsable durante la desescalada mientras se preguntan #QuiénHizoMiRopa y ¿por qué tenemos que comprar alimentos procesados a 2.000 kilómetros? o ¿sabías que para fabricar la vestimenta de un adolescente se necesitan 15.000 litros de agua?

Estas preguntas, que siempre han sobrevolado nuestras conciencias como una distracción de nuestro poder de compra, ahora se posan para retarnos con más fuerza gracias al trauma vivido: “Durante esta cuarentena todos los ciudadanos, por primera vez, se han visto obligados a pararse a reflexionar y se han dado cuenta de cómo funciona nuestro modelo de producción y consumo”, nos explica Laura desde el otro lado del teléfono. “Hemos tenido que reducir nuestras compras semanales y ser más selectivos. También nos hemos puesto todos a cocinar y por eso se nos ha acabado la levadura y muchas personas se han parado a limpiar la casa dándose cuenta de que tenían muchísimas cosas que no sabían lo que eran y que hacía tiempo que no utilizaban”.

Pero no solo los modelos productivos evidentes se han visto afectados por esta pausa, hay otros que nos obligan a hacer una reflexión más profunda: “El turismo nunca va a ser el mismo”, prosigue Laura. “En España tenemos tierras que producen pero, ¿de dónde es la mano de obra? Esa cadena también se ha roto y supone unas pérdidas en el campo que no estaban previstas y que ahora mismo son catastróficas”.

“Uno de los principales potenciales cambios que podría ser muy positivo tras esta crisis es que se acorten las cadenas de producción y que adoptemos el consumo de proximidad”, comenta Laura. Pero ya llevamos varias crisis similares y esto siempre ha ido a peor, ¿por qué ahora debería ser distinto? Ella es optimista y lo tiene claro: “Antes el enemigo era otro. Ahora, con el virus, todos tenemos un enemigo común y esto ha tejido muchas redes de solidaridad. En los barrios, es paradójico, no podíamos salir, no podíamos vernos, pero al final nos hemos conocido mejor”. Este conocerse mejor, tejiendo hilos invisibles basados en la conciencia social, es una mecha imposible ya de apagar, la prueba de ello son las más de 800 iniciativas recogidas en Pienso, Luego Actúo, la plataforma de proyectos sociales para ayudar y ser ayudado durante la crisis.

Repensar la movilidad

Fomentar la economía local tiene mayor impacto sobre nuestro planeta del que parece. Según un informe de la DGT, en España, el 30% de toda la energía que gastamos la dedicamos al transporte, a movernos en la ciudad o entre ciudades pero, sobre todo, a que lo que consumimos se mueva. Y este gasto energético asfixia al planeta. Cualquier gesto enfocado a reducir o mitigar trayectos es una inversión que recuperaremos en vidas.

Chus Blázquez, fundador de Rutas Pangea, una de las principales empresas de cicloturismo de este país, lleva 20 años haciendo pedagogía sobre movilidad sostenible y apostando por la parte más humana de la bici: “La bicicleta te cuida a ti, pero es que también cuida a toda tu ciudad”, nos cuenta. En ese cuidar están siempre por delante las personas que más lo necesitan. Por eso ha impulsado, junto a otros compañeros, la iniciativa #BicisContraElVirus, para prestar bicicletas a los sanitarios o trabajadores que la necesiten durante el estado de alarma. Ahora tienen 50 bicis por las calles de toda España, pero sobre todo un discurso que contagia y anima a ese cambio individual que acaba sumando para alcanzar el cambio global: “Cuando tú vas en autobús o en coche, tu viaje empieza cuando llegas. Cuando viajas en bicicleta, el viaje empieza al sentarse en el sillín”.

La bici y los pájaros han sido símbolos de resistencia durante el confinamiento. Los ciclistas y las aves han ocupado espacios, antes prohibidos, para mostrarnos que otra vía es posible, que podemos cambiar hábitos y que una nueva movilidad y consumo sostenibles son necesarios: “Hay gente que se ha subido a la bici en estos días que no se va a bajar tan fácilmente”, recuerda con optimismo Chus, y habrá gente que seguirá cocinando y acabará consumiendo muchos menos ultraprocesados. En esa fuerza colectiva quizás lograremos el cambio porque, como dijo el escritor y periodista uruguayo Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Contenido adaptado del vídeo

00:00

(Voz en off) Estamos confinados en un único planeta.

00:03

(Voz en off) Un planeta vivo del que formamos parte y dependemos totalmente. Este bicho invisible y microscópico nos ha hecho recordarlo.

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(Voz en off) Mientras nos encerrábamos, la naturaleza se ha abierto camino.

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(Voz en off) ¿Y si aprendemos a compartir espacios y proteger el equilibrio natural?

00:18

(Voz en off) #QuédatEnElNido nos invita a compartir observaciones sobre las aves que vemos desde nuestras ventanas.

00:23

(Luis Martínez) Estos días muchas personas han descubierto las aves a través de su ventana, y que en la ciudad también se puede conectar con la naturaleza.

00:00

(Voz en off) Desde nuestras casas, hacemos foco cada vez más en los detalles. En el impacto de lo individual sobre lo colectivo y sobre el planeta.

00:37

(Voz en off) ¿Y si empezamos a pensar más en lo que consumimos?

00:40

(Voz en off) El colectivo Carro de Combate sabe que la forma de consumir define el mundo. Por eso, propone un directorio de tiendas para practicar un consumo responsable.

00:47

(Laura Villadiego) Con el virus, sentimos que tenemos un enemigo en común, y por eso hemos tejido redes de solidaridad con nuestros vecinos y con los comercios de barrio. Eso nos ayuda a consumir de forma más responsable.

00:58

(Voz en off) Al igual que los hábitos de consumo, es esencial cambiar la forma que tenemos de movernos.

01:03

(Voz en off) La iniciativa #BicisContraelVirus apuesta por el lado más humano de la movilidad sostenible y presta bicis a los sanitarios y trabajadores que las necesiten durante el estado de alarma.

01:11

(Chus Blázquez) No nos damos cuenta, pero la bici es muy importante. Te cuida a ti, cuida de tu ciudad y cuida del medioambiente.

01:20

(Voz en off) Pájaros, bicis, consumo responsable. Estar dentro nos ha hecho mirar hacia fuera.

01:24

(Voz en off) Hacia las pequeñas cosas que están en nuestra mano y con las que podemos cambiar el mundo.

 

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