Cómo circularemos por la ciudad del futuro | Innovación

En la ciudad del futuro el camino no se detiene al llegar a las cero emisiones de CO2: una vez allí, hay que borrar la manera que tenemos de mirar las ciudades y volver a pensarlas desde cero. Es lo que se desprende de las palabras del arquitecto y educador Juan López-Aranguren, para quien “la tecnología no es sólo una capa más que ponerle a la ciudad actual, es también un aliado que ofrece posibilidades de cambiarlo todo que no se sospechaban hace una década”. El programa EIT Climate, en el que él trabaja como coordinador en Madrid, propone interrelacionar los elementos urbanos (energía, edificios, movilidad, empleos…) para alcanzar una ciudad limpia y saludable con soluciones que lo incluyan todo y a todos. Por su parte, la Woven City (“CIUDAD ENTRELAZADA”) de Toyota ofrece nuevas herramientas con las que repensar este nuevo urbanismo desde una ciudad real de 70 hectáreas, a los pies del Monte Fuji, en Japón. La urbe es un campo de pruebas para la aplicación de la inteligencia artificial (IA), la interconexión de personas, edificios y vehículos, el uso del hidrógeno y el diseño de una movilidad inclusiva.

El proceso que se está siguiendo desde EIT Climate empieza por mirar y escuchar. El objetivo es que en 30 años las ciudades sean neutras en carbono. Para empezar, tiene que pensarlo más gente de la que lo está pensando”, explica López-Aranguren. Para el arquitecto, responsable también del proyecto municipal Imagina Madrid, hay que resetear conceptos arraigados a la hora de planificar la ciudad. Pone como ejemplo el “actual urbanismo con árboles”, al que se da la vuelta si se plantea “la ciudad como un bosque habitado”. En sus planteamientos es importante mirar lo que ya existe: “En Madrid todo lo que crece se considera mala hierba, pero es biodiversidad”, asegura.

En el mismo sentido, López-Aranguren considera que hay que observar las soluciones urbanas que ya han sido puestas en marcha: “Tenemos aprendizajes a los que no estamos prestando atención. Y no hay que ir a la NASA, solo al barrio para ver cómo están trabajando la brecha digital, cómo miden la polución de aire o la calidad del agua. Siempre que hay un vacío o un hueco, la ciudad lo llena de forma natural”. Un punto de vista similar al del proyecto de espacios ciudadanos de Woven City de Toyota, donde los parques y la plaza central han sido diseñados para que la interacción ciudadana sea el factor clave que diseñe las relaciones.

Un espacio para todos que recupera las distancias cortas

Entre las ideas que maneja López-Aranguren para la ciudad del futuro, todo empieza por una negociación entre los distintos actores. “Hay que pasar del discurso del conflicto a las velocidades intermedias. Hay que llegar a un acuerdo entre la viejecita que pasea y el repartidor que tiene prisa, sin quitarle nada a nadie”, asegura. En ese sentido, el plan rector de Woven City entrelaza tres categorías de vía, según el diseño del danés Bjarke Ingels, para vehículos rápidos, vehículos de menor velocidad, como los dispositivos de movilidad personal, y peatones.

López-Aranguren también ordena la ciudad en función de las velocidades e introduce en la conversación el término “movilidad en cascada”, una manera de pensar la ciudad en la que las grandes velocidades y los vehículos más contaminantes se van reduciendo a medida que te acercas al centro de la ciudad.

La ciudad del futuro también recuperará las distancias cortas. “Los dos elementos que generan más movimientos son el trabajo y los cuidados, que están lejos, con sus horas puntas y la masificación del transporte. Si flexibilizamos los horarios y hacemos trabajo online volvemos a pensar cómo relacionarnos con el trabajo y con el desplazamiento. Al crear un espacio de oficinas en los bajos de mi calle, el movimiento son cien metros andado, creo economía de barrio, llevo a los niños a lugares que estén cerca… Es un cambio cultural y ahora hay una oportunidad presente. En el futuro nos desplazaremos por deseo o por cariño más que por necesidad”, expone López-Aranguren

Hay una ciudad del futuro que todavía no imaginamos. “La micromovilidad a través de drones y patinetes nos ha descubierto una movilidad con la que nadie contaba”, explica el arquitecto. “En el centro de todo, está la conexión a través de los datos. Con la tecnología que llevamos en el bolsillo, la red de datos es la ciudad entera. Toda esa información sobre los ciudadanos es un negocio, pero también se puede usar para optimizar la movilidad en la ciudad, para facilitar los recursos a las personas que más lo necesitan”, amplía. Es la misma filosofía que anima el ‘laboratorio viviente’ de Woven City. “Con personas, edificios y vehículos conectados entre sí a través de datos y sensores, podremos probar la IA tanto en el ámbito virtual como en el físico y amplificar su potencial “, explica Akio Toyoda, presidente de Toyota Motor Corporation (TMC).

Hidrógeno como energía clave

La sostenibilidad es el planteamiento de base sobre el que repensar la nueva ciudad. “Los lugares donde hay que intervenir son la construcción, la movilidad y la gestión de residuos, que tienen que ver todos con cambiar los modelos de consumo, explica el arquitecto. Para Woven City la solución es también ecológica, y para ello se ha creado una ciudad cien por cien sostenible. Por sus vías principales solo circulan vehículos sin emisiones y totalmente autónomos, mientras que los edificios están hechos fundamentalmente de madera y fabricados con técnicas tradicionales de carpintería japonesa y métodos robóticos de producción. Los tejados están cubiertos de placas fotovoltaicas que aprovechan la energía solar y la suman a la facilitada por el hidrógeno.

El hidrógeno, precisamente, es la energía clave tanto en Woven City como en toda la filosofía Beyond Zero de Toyota, que pretende convertirla en “la energía principal de la sociedad del mañana”. Si la hoja de ruta de la electrificación de Toyota, con la vista puesta en una sociedad sin emisiones de CO2, arrancó hace más de 25 años con el nacimiento de la tecnología híbrida de la mano de la primera generación del Toyota Prius, de lo que se trata ahora es de ir un paso más allá. Beyond Zero no se detiene en ese objetivo de cero emisiones de gases de efecto invernadero, si no que llega más lejos con tecnologías que conectan “a personas, edificios y vehículos en un ecosistema único, que dará lugar a una sociedad mejor, con la movilidad para todos como eje, una movilidad que va más allá de los automóviles y que tiene que ver con superar retos”, explican desde la marca.

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