¡Buenos vientos en el cielo, «presi»!

A los 87 años se nos ha ido Manel Casanova, uno de nuestros marineros más laureados. Un padre para muchos regatistas de los 90, un amigo para todo el que le pedía la mano, un consejero insaciable y un compañero de singladura inigualable. Se nos marcha un hombre bueno, afable, dinámico, optimista, lleno de vida, que jamás ha escatimado ni un solo esfuerzo para ayudar a quien le necesitaba.

Presidente del Real Club Náutico de Valencia durante 26 años, los más gloriosos de la entidad, el “presi” era un navegante empedernido. Desde su “Burlón”, un media tonelada de la época del IOR, veía el mar de una manera distinta a los demás. Siempre sonriendo y a pesar del gran daño que le hacía el sol a sus ojos, nos sacaba a navegar y compartía con nosotros una buena tertulia marinera a los mandos de cualquier neumática del club. “Este es el campo de regatas de Valencia”, nos decía una y otra vez refiriéndose a El Saler.

De la mano de sus inseparables Don Paco Balaguer, Juan Moreno y José Miguel Martín, bajo el paraguas de su fiel e imprescindible secretaria Elvira Manzano, Manel Casanova hizo grande al Real Club Náutico de Valencia. Siempre dispuestos y sin escatimar nada consiguió grandes patrocinadores que permitieron al club organizar las mejores regatas del Mediterráneo. Junto a Marcial Sánchez Barcáiztegui logró el gran sueño de los clubes españoles: obtener el beneplácito de la Reina Sofía para que la regata Homenaje a la Armada Española, que organizaba el Real Club Náutico, tomara el nombre de Trofeo de la Reina. Eso solo lo podía conseguir él, porque tenía ese don.

Un día, de tertulia con sus grandes compañeros de viaje, tuvo una idea genial. “Ha ganado la Copa América el Alinghi, y para defenderla tienen que hacerlo en aguas abiertas. Suiza no las tiene. ¿Por qué no nos ofrecemos nosotros?”. Enseguida ordenó a Martín que consiguiera la dirección de la Société Nautique de Geneve y se dispuso a dictar un fax a Elvira ofreciéndose a ser el cicerone del Defensor de la Jarra de las Cien Guineas de 2007. Él era así de espontáneo y de genial.

“Buen intento, presi”, le dije. Y tanto que fue un buen intento. A los pocos días recibió una contestación del presidente de la entidad suiza diciéndole que aceptaba su invitación. Dicho y hecho. Una delegación suiza se plantó en el Náutico y Manel les hizo la envolvente sacándoles a navegar en una gran neumática con tan buena suerte que El Saler estaba plano como un lago y soplaban 20 nudos. Los suizos fliparon y no dejaban de decir, “esto es igual que lo que hay en Leman”.

Le vendió la idea a Rita Barberá y ésta a Francisco Camps, que lo vieron con buenos ojos comenzando con Ernesto Bertarelli las negociaciones para que Valencia fuera una de las tres candidatas que se habían postulado. Él y solo él se lo guisó y se lo comió, a pesar de que ya a toro pasado le quisieron ningunear y quitarle la medalla que se había currado. “Da igual quien haya tenido la culpa de que nuestra ciudad tenga una Copa América. Ha sido un servicio a Valencia”. Manel era así de generoso.

Hay miles de anécdotas que llenarían miles de folios con ríos de tinta, pero eso ya lo contaremos en proyectos venideros. El caso es que se nos ha ido y seguro que estará navegando con muy buenos vientos en el cielo, porque Manel tiene una estrella, la que más brilla en el cielo valenciano con su nombre.

¡Descansa en paz, presi!

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