Atrapados en el interior del remolino

Con la llegada de la segunda ola el coronavirus parece instalarse ya como el único marco de referencia para relacionarse con el mundo. No hay otra cosa y, si la hubiera, por alguna parte termina asomando la pandemia. Es lo que hay. El mundo ha sido abducido, succionado, y lo que tenía de diferente y extraño se ha reducido a nada, ya todos son iguales, cada cual con su mascarilla y con los inevitables temores que se declinan de la misma manera en todos los idiomas: número de contagios, de ingresos, de enfermos en la UCI, de muertos. Eso sí, existen lugares tan abandonados que no hay ni margen para contar la parte que toca a ingresos y a trasladados a las unidades de cuidados intensivos. Al que le da fuerte ahí pasa directamente del contagio al otro mundo.

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