Wild Welva y los murales salvajes que toman las calles

En la ciudad neerlandesa de Haarlem, una ardilla conversa con una botella de plástico. En el municipio de Penellas (Lleida), un oso polar recibe con gusto una gota de agua. Un ciervo está siendo geolocalizado en algún lugar del planeta a pesar de que intenta ocultar su paradero mientras que una paloma pide conocer la clave de wifi en la calle Alfonso XII de Huelva.

El trabajo de Seba Ventana (1980, Bonares) se esparce mundialmente desde Huelva hasta Nueva York, París, Londres, Reikiavik o Berlín. Más conocido como Wild Welva, este artista urbano pretende llevar la vida de lo salvaje a la ciudad. «Me gusta usar la temática animal como una metáfora para hablar de cosas humanas. Si un animal te mira de verdad, y pones ciertos elementos, se crea un vínculo real con la persona que va por la calle», dice a Verne por teléfono.

El ciudadano, de repente, tropieza con una obra que no solo se reduce al dibujo del animal. Los elementos a los que alude Seba, junto con la localización, son píldoras para ahondar en temas como la crisis climática, el desarrollo tecnológico, la inmediatez, la soledad o el amor. El artista admite que «el gran problema de la sociedad es la desconexión con su entorno natural» y por ello busca la recuperación de lo primitivo. «Deberíamos autorreconocernos y estar orgullosos de ser animales. Es muy positivo que los humanos no perdamos ese vínculo con lo natural».

En las intervenciones de Seba hay un trasfondo social aunque no considera que su trabajo sea «muy político ni esté para concienciar ni moralizar a nadie». «Toco temas que me afectan personalmente», dice. Residiendo en Huelva «sería raro» que el artista no pusiese el foco en la actividad industrial química en las Marismas de Odiel, donde las balsas de fosfoyesos son el centro de la polémica entre vecinos y administraciones públicas desde hace años. «Me horroriza tanto que tengo que hacer algo con eso. Me fastidia». Así, en la pared de una casetilla eléctrica en la Playa del Espigón una tortuga carga en su caparazón con las chimeneas de las fábricas asentadas en este paraje natural. Antes lo hacían un gorrión muerto y una ballena que exhalaba una enorme columna de humo.

La libertad y la felicidad son también asuntos recurrentes en el arte urbano de Wild Welva. Muchos de sus animales interactúan con las jaulas modernas: «la apreciación de los demás, los matches, los likes…». Estas, dice, son la respuesta a unos instintos salvajes «que llevamos muy mal» en la sociedad contemporánea.

El vínculo con lo natural

«A veces me agrada plantarme firmemente en la vida y pasar el día como los animales», escribía Henry David Thoreau en su libro Walden. Para el escritor y naturalista estadounidense la pesca, realizada desde muy joven, fue clave en el desarrollo de su intimidad con la naturaleza. Era la manera de acercarse a «un estadio primitivo». Seba, criado en el campo entre perros, gatos, conejos, gallinas y muchos más animales, escarba en su infancia para plasmar sus experiencias y la observación de su entorno. La idea primigenia de Wild Welva fue el recuerdo de un paseo con su padre. Avistaron a un ruiseñor y Seba quiso llevárselo a casa. «Es un animal salvaje, moriría de pena en una jaula», le advirtió el padre. Años más tarde y durante otro paseo, esta vez con su hija, supo que era hora de acercar el campo a la ciudad. Y viceversa, pero no de la forma «superficial» actual que conciben de esa vuelta los urbanitas. Su primer dibujo público fue una bandada de flamencos tan comunes en la zona donde vive.

Este profesor de inglés de primaria lleva desde 2015 empapelando (técnica de paste-up) paredes. Seba no es un artista urbano al uso. Se refugia principalmente en su estudio y la confección de sus dibujos puede llevarle casi tres semanas. La desnudez de un muro, en poco menos de 4 horas, queda vestida, normalmente gracias a la ayuda de su amigo Raúl Molín. Es un compromiso efímero y altruista que en ocasiones se vandaliza. Por ello el artista onubense salvaguarda su trabajo a través de láminas y postales seriadas y limitadas. Además, parte de su obra se recoge en el libro Back to the Wild, editado por El Libro Feroz.

Las composiciones de Seba viajan más allá del muro al que se adhieren. Se han expuesto en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de Madrid (ARCO) aunque el verdadero trampolín para su visibilidad ha sido Instagram, donde cuenta con más de 11.000 seguidores. «Es prioritario en el arte urbano. Tienes una repercusión que antes no tenías porque hacías una intervención en una ciudad y lo veían sólo los vecinos».

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