Votar por votar

Lo mejor que se puede hacer un domingo electoral, después del tedio de la campaña, es darse más al tedio todavía. Votar previsiblemente, sin incertidumbres, sin cambios de última hora, sin dudas. Cualquiera de esas cosas que ya no se estilan. Ir convencido de casa, con la papeleta que le llega a uno al buzón ya ensobrada. Arrendarle todo el discurso, desde la primera mayúscula hasta el punto final y sin discrepar a uno de los candidatos. Querer hacerse una foto con el susodicho si se cruza en el colegio electoral. Ya no quedan votantes así. No quedan votantes para el tedio.

Lo que ocurre es que los políticos todavía no se han enterado. Por eso nos encontramos con estos candidatos asépticos y con esta campaña electoral insípida, porque los partidos políticos siempre van tarde. Los domingos electorales ahora uno va a votar sin ilusión, burocráticamente y con la impresión de que su conciencia le habría maltratado menos quedándose en la cama. Quizá porque para votar bien hay que dejarse la conciencia en la cama. Ir a las urnas ahora y escoger un candidato para estas elecciones regionales y municipales es meramente para expresar tu desacuerdo con el resto, no tu acuerdo con éste. Verá el lector que no menciono las europeas, porque votamos a las elecciones de la Eurocámara ya que estamos de paso por el colegio electoral. Estos candidatos que nos ponen los partidos políticos son un trámite burocrático más en la vida. Uno irá a votar hoy como hace la declaración de la renta, como se besa después de muchos besos.

Lo más entretenido de esta campaña electoral ha sido comprobar cómo la vida termina imitando a «Juego de Tronos» y no al revés. Rosa Valdeón, que fue delfín de Juan Vicente Herrera, se pasea ahora con Igea por Zamora. Igea que es el hombre de moda. Al que todo el mundo quiere, por el interés. Decía el todavía presidente de la Junta que había «recibido una puñalada». Normal. Este final de temporada que es la legislatura a Juan Vicente Herrera le han clavado más puñales que a Jon Snow en aquella.

Y de ahí viene también este problema tan posmoderno de la insatisfacción. Nuestros malos no son tan malos como los de las series y las películas. Y la vida pierde emoción. Y puestos a vivir sin emoción cuánto se echa en falta a Rajoy.

Escribí hace un mes que lo mejor de los domingos electorales es el vermú. Un vermú, dos vermús, tres vermús. O los que sean menester con tal de reflexionar y de pasar el mal trago. Porque ir hoy a las urnas requiere pasar el trago. Se nos han acumulado las urnas y las campañas y faltan vermús. Esto empieza a ser votar por votar.

Guillermo Garabito
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