‘Verga florida’ y otros poemas de vidrio de Gala Fernández | ICON Design

En la delgada línea que separa el diseño del arte, Gala Fernández (Madrid, 1969) se declara en rebeldía contra la especialización. Por las manos de esta creadora multidisciplinar han pasado todo tipo de objetos y materiales, aunque las piezas que moldea en vidrio –como si fueran poemas de colores– son las que han puesto su obra en el punto de mira.

Fernández rescata estructuras en mercadillos o engarza otras que sirven de soporte para el cristal tintado que soplan los artesanos Carlo y Emanuel Colizza. Juntos, son artífices de AA Murano (Antichi Angeli Murano), la línea de vidrio contemporáneo que ofrece una manera inédita de entender el legendario oficio. Tras su paso por la Madrid Design Week 2020, truncado por la pandemia, su colección Organic Geometric viaja ahora hasta la galería Isolina Arbulu de Marbella.

2020 se auguraba próspero con su participación en la semana madrileña del diseño y una exposición comisariada por David Trullo. Poco antes, a finales de 2019, su vida ya había dado un vuelco con la alarma de un posible cáncer de mama.

P.– ¿Cómo ha vivido este tiempo?

R.– Ya estoy por fin en Milán, tras pasar el confinamiento en la casa de mi madre en Madrid. Crees que al regresar a tu hogar todo va a ser igual que antes, pero no. Hemos cambiado por completo… Estos últimos meses han sido una locura, con mucha incertidumbre hasta que me confirmaron que no tenía cáncer, algo que me ha puesto en mi sitio. En resumen diría que este año está siendo bueno pero raro. Hay cosas que no salieron, como la acción junto a David Trullo. Teníamos planeada una instalación que aunara arte con diseño, iluminando algunas piezas de vidrio soplado muy grandes, parecidas a las ánforas, que hice hace tiempo en Murano. Pero llegaron otros grandes proyectos tanto en Milán como en España.

Hace tres años que llama casa a Milán, pero si se trata de ubicar a Gala Fernández en un mapa es más que probable que se falle el tiro. Italia fue, de hecho, la primera escala de una vida en movimiento, cuando Jaime Hayón, a quien había dado clase en el Istituto Europeo di Design (IED), la llamó para que codirigiera con él el departamento creativo de Fabrica, del grupo Benetton [en Treviso, a 40 kilómetros de Venecia].

P.– ¿El alumno superó a la maestra; le pide consejo?

R.– Jaime fue todo un meteorito. Olivier Toscani, fundador de Fabrica, se quedó prendado con su personaje y con tan solo 26 años le encargó la dirección del departamento. Yo me acababa de separar de Riccardo Marzullo –CEO de IED– cuando recibí la llamada de Jaime para codirigirlo, y no me lo pensé dos veces. Vivimos cuatro años maravillosos y fue un salto decisivo en mi carrera, teníamos muchos medios y presupuesto, viajábamos por todo el mundo… Somos amigos íntimos pero no hemos vuelto a trabajar juntos desde entonces. Cada uno tiene su línea. Jaime no es una persona que pida consejo, tiene las cosas muy claras y nuestra charlas son más de amigos.

P.– Durante su paso por Fabrica hizo una de sus intervenciones más memorables, ‘Touch the Sky: Treviso’, plantando literalmente una escalera de 15 metros de altura. ¿Es una artista de ‘happenings’, del ahora con el público?

R.–Esa obra fue una metáfora visual que simbolizó la cualidad de este centro como lugar donde se becan a artistas con gran ambición e ilusión, con ganas de tocar el cielo en sus creaciones. Este tipo de piezas son muy comunicativas, sencillas y directas, ya que aúnan elementos arquetípicos nuestros con un componente de magia, que nos permite acceder a otra dimensión. Mi próxima exposición en Milán tiene un poco de eso, ya que haré retratos en directo que se podrán comprar en el momento. Y estoy trabajando en una instalación subterránea para unas bodegas españolas que también trabaja ese concepto.

P.– Su obra es tan extensa y heterogénea que es difícil definirla. ¿Cómo lo haría usted?

R.– Diría que soy una artista que intenta hacer todo aquello que le genera placer. Soy muy hedonista y no me gustan el dolor ni el trabajo difícil. A veces me he etiquetado como alguien frívolo porque me gusta moverme en la superficie, donde se manifiesta la ligereza. Mi trabajo ha conseguido calidad con el tiempo al tocar muchos palos, porque la experiencia te da esa enjundia crítica al no dedicarte solo a una cosa.

P.– En obras como ‘Out of the Cage’ (2014), que presentó en la galería londinense Marion Friedmann durante la London Design Week, confiere un sentido conceptual a sus diseños más allá de su belleza y funcionalidad. ¿Podríamos etiquetarla de diseñadora conceptual?

R.– Quizás sí, pero lo matizaría añadiendo la palabra «ligera». No me gusta lo que está sobrevalorado, y eso es algo que pasa cuando te tomas demasiado en serio. Yo soy muy humilde, le doy el precio justo a mis obras. Lo que sí podríamos decir es que mi trabajo es muy generalista. Siempre he querido ser muchas personas, y como voy a vivir solo una vez, no quiero limitarme a una única cosa. Pero hoy en día parece que si no eres especialista estás vetado, y no me da la gana serlo. Soy muy iconoclasta en ese sentido.

P.– ‘Ligera’ como el vidrio, omnipresente en su obra. ¿Por qué?

R.– Es un material mágico y noble, solo hay que ver cómo interacciona con la luz. Te permite una gran libertad a la hora de crear formas, y posee unos colores espectaculares. Lo usé por primera vez en 2007 en un taller que realicé para la Universidad Anáhuac de Ciudad de México, donde viví posteriormente tres años. Esto picó mi curiosidad y decidí lanzarme a hacer mi primera colección.

P.– Ahora, con AA Murano, podrían llegar a conocerla como «la artista de los jarrones de vidrio enjaulado». Pero tampoco se ha especializado en un material: trabaja con cerámica, esmalte, mármol, fieltro, papel pintado…

R.– Soy muy curiosa y trabajar con un material nuevo es una posibilidad de aprender. Un profesor me dijo una vez: «Si te gusta cómo es el mundo no te metas a diseñador», porque querrás cambiarlo. Yo entiendo lo que nos rodea a través de los materiales, por ello me gusta implicarme en el mayor número posible de ellos.

En cuanto al vidrio, yo no soy maestra vidriera; para soplar en condiciones necesitas haber desarrollado el oficio. Esa parte recae en los hermanos Colizza y yo me encargo del diseño. Realizamos colaboraciones con artistas muy diferentes. Una de las últimas ha sido la del coruñés Miguel Leiro, que desarrolló su trabajo en Nueva York y Roma, y es el director del festival de diseño Mayrit en Madrid. Su trabajo es muy vivo y contemporáneo, diferente al de otros colaboradores como la Accademia Teatro alla Scala, una de las escuelas de danza más importantes del mundo. Junto a ellos hicimos un proyecto para el Salón del Mueble llamado Prime Donne Glass Spirit, en el que mezclé el vidrio de Murano con el figurinismo y la alta costura de su vestuario.

P.– Este verano tampoco ha parado. La galería Isolina Arbulu reabrió sus puertas tras el confinamiento con su exposición ‘Organic Geometry’, que permanecerá abierta hasta finales de agosto. ¿Cúando surgieron la idea y el formato?

R.– Esta exposición es heredera de toda la experimentación que realicé en Ciudad de México con Out of the Cage, soplando vidrio sobre objetos ya existentes como jaulas, menaje de cocina, cajas de madera y cestas que compré en el mercado de La Merced. Organic Geometry es una evolución sobre estructuras geométricas, que trenzo a mano con hilo de cobre y en ellas sopla el cristal de Murano el artesano Carlo Colizza. Se expusieron por primera vez en el showroom de Moroso en Milán, y más tarde viajaron del Madrid Design Festival a esta galería de Marbella, a la que estuve ligada antes de marcharme a vivir a Italia.

P.– También ha podido participar en ‘Boys in The Band’, la colectiva que comisaría David Trullo en la galería Factoría de Arte y Desarrollo.

R.– Sí, la forman numerosos artistas españoles y puede que yo parezca una intrusa por ser diseñadora, pero no hubo prejuicios por ello. Esta exposición se llama así por la película del mismo nombre de 1970, un año antes de que nosotros naciéramos, y reflexiona sobre cómo ha cambiado el mundo gay desde entonces. Yo participo con una serie de retratos andróginos e imaginarios con tinta china, llamada Boys or Girls.

P.– Habla de intrusismo, pero los años ochenta se encargaron de difuminar las fronteras de la cultura y el arte, que por primera vez parecían no tener obstáculos ni restricciones. ¿Ha mermado con el tiempo esa libertad creativa? ¿Se ha dado paso a una generación de artistas que se autocontienen?

R.– Creo que los buenos artistas lo son en cualquier época, el problema es que en la actualidad hay muchísimos. La libertad siempre ha sido algo de unos pocos valientes, y eso sigue siendo igual cuatro décadas más tarde. Puede que cambie la norma por el marco legal, que haya menos ayuda y baje la educación, pero no la libertad. No hay que lamentarse si no buscar nuevos modelos, ya que la cultura es la expresión humana y nadie puede parar eso.

P.– Las plataformas digitales, como Instagram, dan ahora un acceso entonces insospechado al arte internacional. Pero pueden ser también lugares donde la censura artística se impone, por ejemplo, al vetar desnudos en las fotos.

R.– Claro que hay soportes que promueven la autocensura, pero si eso sucede, lo lógico entonces es cambiar de vía. Para ser libre y decidir lo que apoyas o lo que no tienes que tener criterio, y eso se ve en el borreguismo que llena Instagram. Si en esta red social no me dejan hacer lo que yo quiera y me censuran por sacar un pezón, pues lo mostraré en otro sitio. La pega es que tendrás que trabajar más la visibilidad, pero tu arte no puede partir de la autocensura. Hay que educar el espíritu crítico.

P.– ¿Camina el sector del diseño hacia paridad?

R.– Desde hace un tiempo, y con el movimiento #MeToo, las mujeres están más demandadas que los hombres, pero hablamos de una tendencia (que esperemos que continúe), no de una realidad. Yo no he sufrido discriminación directa pero sí de forma velada, viendo cómo se beneficiaban a hombres antes que a mujeres de mi entorno.

Sí que percibo que en el mundo del diseño y del arte hay más mujeres que antes, cuando solo podían sobresalir algunas como Anna Castelli, una de las primeras arquitectas italianas y directora de la revista Domus. Esa paridad que necesitamos no existe todavía, pero estamos alcanzándola y ha cambiado muchísimo. Y, además, ahora los hombres son mucho menos discriminantes.

P.– ¿Y le han discriminado por ser homosexual?

R.– Yo manifesté mi homosexualidad de forma tardía, hasta los 30 no tuve novias. Tuve la suerte de haber nacido en una familia burguesa acomodada, de estudiar en el extranjero, viajar y desarrollarme como siempre he querido. En mi entorno no he notado discriminación ni mi homosexualidad ha sido un estigma, pero sí lo he percibido en un ámbito global. Yo creo que en la profesión me veían como algo exótico, con esa etiqueta de «la lesbiana que lo lleva tranquilamente», ja, ja.

P.– David Trullo, a quien conoció cuando estudiaba en la facultad de Bellas Artes de la UCM, Jaime Hayón… Otra persona clave en su trayectoria es Óscar Mariné, Premio Nacional de Diseño 2010 y colaborador asiduo de Almodóvar o Norman Foster.

R.– Óscar es uno de los maestros más brutales que ha dado nuestro país y una persona clave para entender el diseño en España. Es una de las personas más cultas que conozco y posee una gran generosidad a la hora de compartir su conocimiento. Trajo la internacionalidad aquí, precisamente durante La Movida. Recuerdo que entrar en su despacho era como hacerlo en la biblioteca de Alejandría, algo apabullante y siempre con una referencia artística que contarte. Hace poco hicimos el taller Shake your mind en Fabrica sobre migrantes africanos, tipografía y retratos. Ahora estoy preparando una exposición sobre él en Milán, que se ha ralentizado por la pandemia. Hemos hecho muchísimas cosas y espero que sigamos trabajando juntos toda la vida.

P.– La última persona que ha marcado su viaje es Patrizia Moroso, con cuya firma de sofás y asientos Moroso ha comenzado a colaborar a partir de M’Afrique, que presentó el año pasado. ¿Qué le atrajo del trabajo de su fundadora?

R.– Patrizia es una de las mujeres que más admiro en el plano profesional. Es una gran activista, una bella persona y espero que sigamos colaborando durante mucho tiempo. Nos conocimos hace tres años, cuando una exalumna mía me dijo que congeniaríamos, y así fue. Compartimos esa curiosidad innata por las cosas, le interesa la gente con energía y ganas de encontrar belleza en los objetos. En septiembre retomaremos diversos proyectos que espero que la coyuntura actual permita hacerlos realidad.

P.– Esta pandemia ha supuesto un duro golpe para el sector a nivel económico tras la cancelación de ferias anuales como el Salone del Mobile. En el plano formal, ¿la crisis transformará también nuestra manera de entender el diseño?

R.– El diseño se adapta a la realidad y a las nuevas normas que surjan. Dará soluciones a este panorama generado por una enfermedad que está poniendo en jaque las formas tradicionales –y más cómodas– de relacionarnos. Las nuevas generaciones van a heredar un mundo que deberán gestionar con sumo cuidado, y aprender de nuestros errores. Espero que salga bien, porque yo siempre confío más en los que vienen.

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