Venezuela, un deslave humano

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Esta semana se celebró en Bruselas la Conferencia Internacional de la Solidaridad por los Migrantes y Refugiados Venezolanos organizada por la Unión Europea y Naciones Unidas para tratar el desplazamiento forzado de personas más grande en la historia de América Latina y el Caribe. Desde 2015 hasta la actualidad, 4.5 millones de venezolanos han huido de su tierra no precisamente por una guerra o una catástrofe natural. Es la dictadura de Nicolás Maduro que ha convertido a mi país en un estado criminal donde muchas familias buscan su supervivencia en otras fronteras. En el mundo, solo hay más refugiados sirios que venezolanos. Sin embargo, de prolongarse la tiranía chavista, para finales de 2019 podría haber 5 millones de refugiados venezolanos y, lo que es más dramático aún, para el año que viene, según hemos publicado en nuestros informes de la OEA, pudiese llegar entre 7 y 8 millones, lo que nos colocaría por encima de Siria.

La desesperación de los venezolanos por conseguir un plato de comida, un sitio donde dormir o una ciudad segura donde vivir, se evidencia trágicamente en «los caminantes», quienes recorren distancias entre Cúcuta y Lima a pie. Eso es lo mismo que en Europa se camine desde Madrid hasta Moscú. Además, se estima que al menos 1.1 millones de niños venezolanos refugiados necesitan atención médica, muchos de ellos por síntomas de desnutrición, y 61% de las mujeres en gestación presentan embarazos de alto riesgo. 20% de las mujeres embarazadas son menores de edad y 70% de los partos en Cúcuta y Boavista son de mujeres venezolanas. También empieza a ocurrir con más frecuencia los naufragios de precarias embarcaciones (peñeros) en el Caribe. Más de 100 venezolanos en el último año han fallecido o siguen desaparecidos tratando de huir de su país hacia Curazao o Trinidad y Tobago.

Los países receptores han hecho un esfuerzo enorme para recibir e integrar a los venezolanos, pero sus capacidades se han visto alteradas y no es para menos. En Colombia ya hay más de 1.5 millones de migrantes y refugiados venezolanos; cerca de 900.000 en Perú; 400.00 en Chile; 350.00 en Ecuador; 170.000 en Brasil; 150.000 en Argentina. Para que se entienda áún más las dimensiones de este éxodo masivo, los 4.5 millones de migrantes y refugiados venezolanos son más que la población total de países como Croacia, Panamá o Uruguay.

Hay limitaciones de infraestructura, servicios y, especialmente, presupuestarias. Mientras que la comunidad internacional ha aportado $5,000 per capita por refugiado sirio, cerca de $100 han sido aportados por refugiado venezolano, 50 veces menos. Precisamente se aprovechó esta reunión en Bruselas para recaudar más donaciones para atender desafíos como la salud, educación, identificación y empleabilidad para los venezolanos. España, Italia, Irlanda, Reino Unido, Alemania y Estados Unidos anunciaron nuevas contribuciones que suman $110 millones. Aún se necesita más, entendiendo que el Plan de Respuesta presentado por la ONU para 2019 ha alcanzado 48% de la meta a tan solo 2 meses de culminar el año.

Integrar a los venezolanos con sed de trabajar, emprender y estudiar representa una oportunidad de crecimiento económico para la región. Ahora bien, los gobiernos del mundo no pueden olvidar la causa de este deslave humano. Debe haber siempre una mano amiga -la aproximación humanitaria- para atender a los venezolanos que huyen, pero debe haber una aproximación política -el brazo fuerte- para elevar la presión hacia los responsables que han desmembrado a la familia venezolana. Las mujeres no van a Cúcuta a dar a luz porque hubo un huracán o un joven no arriesga su vida nadando por el Caribe porque haya una guerra civil. Chávez y Maduro han hecho que al mismo tiempo tengamos una nación donde un tercio de la población necesita ayuda humanitaria, la moneda no valga nada con %10.000.000 de hiperinflación, más de 7.000 venezolanos han sido ejecutados extrajudicialmente desde 2018 por grupos de extermnio y 15.000 detenciones arbitrarias ha habido en los últimos 5 años.

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Con este panorama, la única solución para frenar la migración forzosa de millones de venezolanos es la salida de la dictadura para transitar hacia una nación libre, segura y con justicia. De lo contrario, al régimen no le importará que Venezuela se vacíe con tal de ellos mantener el poder.

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