«Ven, que lo vamos a pasar muy bien»

Rosa, la última testigo que ha comparecido hoy en los Juzgados de Santiago por la muerte de Diana Quer, fue también víctima de la caza indiscriminada del Chicle, en busca de sexo rápido y fácil. La testigo, una cincuentañera de origen suramericano no encaja en el perfil que hasta ahora se conocía del resto de tentativas de José Enrique Abuín, pero ha sido tajante y ha dejado claro que le tiene terror. Tanto, que cuando se le ha pedido que mirara al acusado para ver si lo reconocía, ella se ha negado al borde de las lágrimas: «No lo puedo mirar, me pongo muy nerviosa». La mujer ha contado el episodio que vivió en la primavera de 2017, cuando Diana Quer yacía ya en el fondo de un pozo de la parroquia de Asados. Vive en Orense y trabaja como asistente de ayuda a domicilio en un pueblo de la provincia. Un día de esa primavera estaba parada en un punto de la carretera de Taboadela junto a su coche esperando a su marido. Ambos se iban a dirigir a Orense en el vehículo de él. Eran alrededor de las siete y media de la tarde en una zona solitaria, de paso. Rosa aguardaba al borde de la carretera. Primero vio las luces de un coche; creyó que era su marido, pero el que se acercó era el Chicle a borde de su Audi oscuro. Se atravesó delante de la mujer con ese coche, bajó y la invitó: «Ven, que lo vamos a pasar bien». «Pasé terror» Rosa corrió aterrorizada para tratar de escapar y empezó a agitar las manos para parar a una furgoneta blanca que circulaba en su dirección. No lo logró. El Chicle, que se había refugiado en su Audi, al ver que tenía otra oportunidad volvió a acosarla. «Estuvo a punto de agarrarme», contó la testigo nerviosa y asustada. La llegada de su marido la salvó. El cazador emprendió la marcha, seguido por el vehículo de Rosa y su esposo. No lograron darle alcance. «Pasé terror, solo quería olvidarme». Ese diciembre cuando vio el rostro de Abuín en televisión se vino abajo. Supo que ese hombre era el mismo que había intentado que subiera a ese Audi, el mismo que había tenido en un pozo casi 500 días a Diana Quer. Tenía, eso sí, el pelo más corto, pero su cara se le grabó a fuego. «Desde entonces no me bajo del coche sola, no voy sola por la calle. Tengo terror». El Chicle no paraba de mover la cabeza negando las palabras de la testigo, una más, de los que ayer fueron sumando años a su eventual condena.

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