Uno de los últimos palacetes residenciales de la Castellana

El palacete de Eduardo Adhoch, en el Paseo de la Castellana 37, es desde hace 20 años la sede de la Fundación Rafael del Pino. Este edificio de 1906 fue proyectado por el arquitecto José López Saballerry, autor también del edificio ABC de la calle Serrano, del Casino de Madrid y del trazado inicial de la Gran Vía. Por aquella época la aristocracia madrileña se alejaba del centro de la ciudad hacia el nuevo ensanche que representó la Castellana. No está muy claro cuál fue su nombre original pues hay quien defienda que se llamó palacio de Edmund Alcock.

Desde fuera recuerda a los clásicos hoteles franceses de comienzos del siglo XX, con miradores y balcones decorados. Pero se encuentran igualmente elementos propiamente españoles. Tal y como recoge el libro «Los palacios de la Castellana» de Ignacio González-Varas, encontramos en este edificio «la terminación neoplateresca de la torre angular con su galería de arco de medio punto y los jarrones de coronación sobre la cornisa», son elementos inspirado en el palacio salmantino de Monterrey. Una combinación de estilos característica de Saballerry. Se sabe que en las plantas baja, principal y segunda estaban los salones principales y los dormitorios y en el sótano estaba la cocina, la bodega y el lavadero. Y también consta que en la azotea estuvo uno de los primeros estudio fotográficos de Madrid.

Sala del Consejo donde se reúnen los miembros del consejo de la fundación – BELÉN RODRIGO

El palacete fue propiedad durante más de 70 años de la familia de Ángel Pérez y de Eizaguirre, un armador y naviero de Santander. Su hija Elena logró mantenerlo en pie, siendo uno de los últimos palacios de la Castellana que mantuvo su función residencial. A su muerte, en 1992, pasó a unos parientes que tuvieron que cederlo en usufructo. Tuvo varios usos, como el de una clínica psiquiátrica, y una vez recuperado por los herederos se vendió en 1999 a Casa Grande de Cartagena S.L., la familly office de la familia del Pino.

Por entonces el palacete llevaba unos años abandonado y estaba en muy mal estado. «Rafael del Pino regaló el palacio a la Fundación mientras que en los jardines la familia levantó un edificio y se construyó el auditorio que lleva el nombre de Rafael del Pino pero que no forma parte de la Fundación», aclara a ABC Macarena Población, directora de Comunicación de la Fundación Rafael del Pino. Se encargó al arquitecto Rafael de la Hoz la restauración y en octubre de 2000 ya estaba operativo para su nuevo uso. Se respetó el espacio manteniendo todo lo original, como son los maravillosos azulejos que se conservan en las zonas que antes eran baños y cocinas de servicio. El edificio colindante se conoce como edificio Fortuny y el auditorio es muy conocido por su diseño.

Primera planta del palacete en donde hoy están los despachos
Primera planta del palacete en donde hoy están los despachos – BELÉN RODRIGO

Restauración del edificio

Rafael de la Hoz respetó el carácter histórico del edificio tal y como se puede comprobar en su exterior e interior. La puerta principal, donde antiguamente era la entrada de caballerizas, apenas se utiliza. «Para las visitas de Casa Real y presidencia de Gobierno, básicamente», afirman desde la fundación. En la calle Rafael Calvo está la entrada habitual que da acceso a un patio/jardín y a la puerta trasera. En la planta baja se encuentra la llamada Sala de Firmas, por tener el libro de las firmas, y la Sala del Consejo, donde se reúne el consejo de la fundación. Ya en la primera planta, donde se supone estaban las habitaciones cuando fue palacio, se distribuyen los despachos de las ocho personas que trabajan en la fundación. En el sótano crearon dos salas para cursos y formación y una de ellas fue inaugurada por Bill Clinton. La segunda planta está ocupada por las oficinas de tres empresa y en la azotea hay una sala que se usa para entrevistas y reuniones. El interior del palacete está decorado de forma clásica, en equilibrio con su diseño arquitectónico.

Maqueta del edificio
Maqueta del edificio – BELÉN RODRIGO

La Fundación

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La Fundación Rafael del Pino nació en 1999 con el objetivo principal de «instruir al líder presente y futuro». Es su misión formar dirigentes y emprendedores españoles, difundir el conocimiento y defender la libertad. También contribuyen para mejorar el conocimiento de la Historia y la conservación del patrimonio histórico y cultural español. «Y nos conocen muy especialmente por las becas de postgrado que permiten a los alumnos a soñar en grande», matiza Macarena Población. Se ofrecen entre 10 y 12 por curso, se dan a ciegas y se tiene en cuenta el currículo pero sobre todo el proyecto. «Es increíble las ideas tan bonitas que surgen en los jóvenes», matiza la responsable de Comunicación. En la mayoría de los casos estos jóvenes acaban ocupando puestos relevantes en las empresas.

Esta institución organiza igualmente, en colaboración con la Universidad Politécnica de Madrid, un máster para ingenieros y arquitectos de liderazgo internacional. Y cada verano junta a niños de alta capacidad en campamentos donde trabajan la robótica y el emprendimiento, entre otras materias.

La fundación se puso en marcha gracias a la donación monetaria de Rafael del Pino y vive de las inversiones de dicho dinero. Y aunque Rafael del Pino fuese el fundador y presidente del Grupo Ferrovial, la fundación no tiene ningún vínculo con dicha empresa, más allá de lazos de amistad. Y la viuda, algunos de los hijos de Rafael del Pino y dos nietos son miembros del patronato. En todas las actividades que se organizan cuidan mucho la vocación educativa de los ponentes y a lo largo de estas dos décadas de funcionamiento se han ganado el respeto del púbico y de os invitados. Las temáticas que más abordan en las conferencias son la geopolítica y la economía.

Fachada posterior del palacete
Fachada posterior del palacete – BELÉN RODRIGO

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