Unidad

Hace muchos años, en una galaxia muy lejana… yo estudiaba —es un decir— la carrera cuando una tarde me dio por asistir a la conferencia de un célebre físico alemán, cuya visita causaba revuelo en aquel Madrid. Nunca he sabido nada de física (como dijo lord Carrington, las ciencias las inventaron después de que dejé el colegio) ni por supuesto alemán, de modo que no sé por qué iba a ese tostón, quizá una chica anduviese por medio. Los aspirantes al auditorio éramos multitud y se formó tumulto, con más ganas de jolgorio que de sabiduría. Los grises trataban de poner orden y a mí que empujaba como si la vida me fuese en oír el sermón el sargento me apartó de la cola con la porra. Protesté y traté de explicarle mi pasión científica, pero repuso sin acritud: “Mira, vete a casa y todos contentos”. Le obedecí a medias, me fui de copas. Hubiera querido argumentarle que en una colisión de intereses, ceder ante quien manda no significa que reine el consenso.

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