Una revolución moral para cambiar el mundo | Planeta Futuro

Diez años después de leer y releer el libro de Jacqueline Novogratz, fundadora y CEO de Acumen, El suéter azul, gracias a Open Value Foundation se ha cumplido mi sueño de conocerla. Durante estos 10 años, Jacqueline ha guiado mi concepción y mis pasos de cómo entender y combatir la pobreza y Acumen ha sido mi referencia a la hora de integrar la empresa en esta labor. El encuentro, como el libro en aquel momento, superó con creces mis expectativas. No en vano, Novogratz dejó su carrera en Wall Street para buscar nuevas formas de afrontar la pobreza y ha sido catalogada como una de las mentes más brillantes del mundo en los negocios, según la revista Forbes.

Acumen es una empresa de capital riesgo sin ánimo de lucro, por contradictorio que esto parezca, que trata de ayudar a las personas que viven por debajo del umbral de la pobreza invirtiendo “capital paciente” en empresas sostenibles, que proporcionan a personas de pocos recursos económicos productos o servicios capaces de transformar su vida.

D.light, una de sus inversiones de la que ya os hablé, está a punto de alcanzar los 100 millones usuarios de soluciones solares vendidas en países en desarrollo proporcionando el acceso a la energía, un claro motor de desarrollo; Ziqitza otra de las empresas en las que ha invertido, ha conseguido llevar al hospital a más de 22 millones de personas en India con 3.130 ambulancias y lo más importante, ha cambiado el estándar del servicio público ofrecido; Ethiochiken, empresa productora y distribuidora de pollitos en Etiopía, dónde un 47% de los niños sufren malnutrición, ha conseguido reducir en un 11% la tasa de malnutrición de la región dónde opera y cambiado la forma en la que el gobierno planifica sus programas de nutrición. Todas ellas empresas económicamente sostenibles, cuyos clientes viven la mayoría por debajo de 4 dólares al día, dignificando su condición al tratarles como consumidores y no como meros receptores de ayuda.

El capital paciente de Acumen tiene tres características principales; la búsqueda de retorno de la inversión a un plazo más largo que lo habitual en un fondo de inversión, pasando de tres a cinco años a entre siete y 10; el apoyo a las empresas invertidas tanto a nivel de gestión como de generación de ecosistemas y la reinversión de los retornos, que no se devuelven a los inversores, en nuevas empresas. Desde el año 2001, Jacqueline Novogratz lleva invertidos a través de Acumen casi 125 millones de euros en 126 empresas de 14 países de África, Asia, América Latina y Estados Unidos. Pero ella asegura que están al comienzo del trabajo. «Una masa crítica ve el potencial del capital paciente como emblema de un proceso que usa el capital como un medio y no como un fin. Tenemos que construir sobre eso y crear las alianzas correctas para influir en un grupo mucho más amplio”.

Acumen lleva 18 años buscando un capitalismo que incluya a los pobres y al planeta, conceptos que en otro entorno sonarían incongruentes. En su manifiesto queda definido como “la humildad de ver el mundo tal como es y la audacia de imaginar el mundo como podría ser. Tener la ambición de aprender al límite, la sabiduría para admitir el fracaso y el coraje para comenzar de nuevo”. Apoyando estas empresas con estas premisas, Acumen ha conseguido literalmente cambiar la vida de más de 262 millones de personas.

Pero, según Novogratz, el momento en el que nos encontramos requiere además una revolución moral. “Los cambios en el mundo son radicales y fundamentales. Acumen nació justo después del colapso financiero que cambió casi todo. Una pérdida de confianza en nuestras instituciones, en los líderes corporativos, en los líderes religiosos, en los sistemas políticos y en nuestro sistema financiero. Una creciente desigualdad, el reconocimiento por parte de muchos del cambio climático, comprendiendo que nos estamos enfrentando a una crisis climática profundamente urgente, una crisis de migrantes y refugiados; tenemos más divisiones e ira que antes nunca he visto en mi vida. Los líderes demagógicos están utilizando las inseguridades de su propia gente y de otras personas para encerrarnos más en nosotros mismos, cuando deberíamos estar extendiéndonos hacia afuera». 

Novogratz está enfocada en aquellas herramientas de inversión, pero también en la idea de carácter y revolución moral que puede haber detrás de ellas. «Este es el momento en el que tenemos que entrar en ese espacio que ahora están ocupando las personas e instituciones que prefieren dividirnos e identificar las oportunidades que puedan crear una sociedad más inclusiva y más sostenible”.

Por eso Acumen, junto con Open Value Foundation acaba de lanzar el libro El suéter azul, traducido al español y ha lanzado el curso de Embajadores de Acumen en España con la intención de identificar modelos de negocio y modelos a seguir para crear una economía inclusiva y sostenible. El programa pretende vincular, inspirar y celebrar a estas personas, no solo en España, sino conectarlas con la comunidad de Acumen a nivel mundial para compartir la innovación donde sea que se produzca, en cualquier rincón del mundo.

El libro muestra, de una manera a la vez divertida y desgarradora, cómo la filantropía tradicional a menudo falla, pero el «capital paciente», puede ayudar a crear un nuevo modelo de capitalismo que permita que las personas sean autosuficientes y así cambiar millones de vidas. Más que una simple autobiografía o una guía práctica para abordar la pobreza, El suéter azul, es una llamada a la acción, que nos invita a dignificar la vida de las personas con bajos recursos y repensar nuestro compromiso con el mundo. El título, premonitorio, hace referencia a uno de los jerséis preferidos de la autora en su adolescencia, que después de llevarlo hasta la saciedad, donó a una ONG en Estados Unidos y años más tarde paseando por las calles de Ruanda, encontró un niño que lo llevaba puesto con su nombre todavía en la espalda.

En su próximo libro Manifiesto para una revolución moral, que está a punto de publicarse, Jacqueline Novogratz habla de las nuevas habilidades y valores necesarios para vivir todos juntos en este mundo. “Este es un momento de un riesgo enorme en nuestra historia y también un momento de grandes posibilidades y es elección de cada uno de nosotros qué acciones realizamos día a día. Tenemos la tecnología y el capital está ahí. Si pensamos en estructurar el capital para resolver los problemas en lugar de hacerlo alrededor de la rentabilidad que podemos obtener, lo lograremos. Hago un llamamiento a que todos y cada uno de nosotros formemos parte de la revolución moral, porque la única forma de resolver nuestros mayores desafíos es decidir hacerlo todos juntos. No es un momento para héroes, es un momento para muchas acciones heroicas”, concluye.

Mi agradecimiento por mostrarnos los desafíos a los que nos enfrentamos, pero a la vez darnos las herramientas, la esperanza y el empuje para que cada uno de nosotros cree su “revolución moral” a la vez que da un nuevo enfoque a la importancia de vivir «una vida con significado».

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