un trabajo de altura en Madrid

I. S. C.

La caída este viernes de un pino de grandes dimensiones en pleno paseo de la Castellana plantea de nuevo la pregunta sobre el mantenimiento del arbolado de Madrid. El Ayuntamiento gestiona más de dos millones de ejemplares, lo que convierte a la capital en una de las ciudades más verdes del mundo, con una exigencia a su altura. Si bien estos sucesos despiertan infinidad de dudas sobre la conservación y peligrosidad de los árboles, lo cierto es que el trabajo de los técnicos funciona casi como un reloj.

«Es un servicio muy cualificado y profesionalizado, pero el nivel cero de incidencias es imposible», explica el subdirector general de Conservación de Zonas Verdes y Arbolado, Antonio Morcillo. Sus palabras remiten al colapso del pino de la Castellana y al de otros episodios. En este último caso, continúa Morcillo, se debió a un problema más o menos común entre los grandes ejemplares que trufan la capital: «Era un pino de grandes dimensiones, con la copa muy alta y con el fuste limpio; el centro de gravedad está muy alto y la estabilidad es baja».

Operarios del Server trabajan en un árbol de la capital

En los últimos años, la caída de árboles y ramas se han sucedido indistintamente en vías urbanas y parques, lo que suscita la pregunta de si existe un riesgo mayor o no en función de la ubicación. Si bien el subdirector municipal de zonas verdes prefiere huir de cualquier tipo de generalización, porque influyen muchos factores como la situación de los alcorques o el viento, sí existen algunos condicionantes. «En principio no hay una distinción clara porque cada árbol tiene sus singularidades, pero sí es cierto que en parques los árboles tienen más espacio para desarrollarse que si están en un alcorque de cualquier calle», declara Morcillo. Los posibles problemas de los árboles en zonas viaras obedecen a los numerosos elementos con los que se topan las raíces en el subsuelo, como tuberías u otras infraestructuras, además de los edificios que impiden el normal desarrollo del ejemplar.

Así, el Ayuntamiento trabaja en los más de dos millones de árboles que gestiona –la capital tiene más, pero son privados– a través de dos servicios en los 21 distritos. El general para el grueso del arbolado y el denominado como Servicio de Evaluación y Revisión Verde (Server), dedicado a la conservación de los ejemplares que puedan presentar un riesgo adicional por su tamaño, edad, ubicación o estado. «Está muy controlado y llevamos un seguimiento muy riguroso, pero el riesgo cero no existe», señala Morcillo.

Una de las actuaciones más importantes es la poda y la plantación, aunque esta se ve afectada por las condiciones climatológicas. «Se hace en invierno, pero con las temperaturas que tenemos ahora suele ocurrir que se retrase», apunta el experto. A esto hay que sumar la escasez de lluvias, que aumenta el riesgo de que los árboles tengan problemas. De hecho, la combinación del viento y de unas precipitaciones muy fuertes tras un periodo de sequía fue lo que provocó la caída de un gran pino que aplastó a un niño de 4 años en el parque de El Retiro, en marzo de 2018. Esta fue la quinta muerte por esta problemática en los últimos años.

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