Un proyecto fallido

Con la llegada de la primavera y los días festivos los españoles repetirán este año, pese a las limitaciones que el virus imponga, el ritual de gozo en torno a la comida y el buen tiempo que tan bien se nos da y tanto seduce a los extranjeros. A falta de otros motivos, la farra y el sol se van convirtiendo en los únicos símbolos de identidad y en las únicas vías de escape de una realidad espantosa. Disfrutamos de lo bueno de nuestro país movidos por una suerte de energía atávica que nos impulsa hacia adelante, cada vez más indiferentes a cualquier otra circunstancia de una vida en sociedad. Como es natural, nos resistimos a ver que el paisaje que nos rodea mientras nos dirigimos a tomar el aperitivo es una completa ruina.

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