Un PP ambiguo

La imputación en el marco del caso Kitchen de María Dolores de Cospedal —secretaria general del PP cuando se produjeron los hechos investigados— agrava de forma muy inquietante las sombras que envuelven el pasado reciente de la formación conservadora. El juez considera que hay indicios suficientes de la participación de la exdirigente —y de su marido— en la trama de operaciones parapoliciales urdida en 2013 para espiar al extesorero del principal partido de la oposición, Luis Bárcenas, con el objeto de arrebatarle documentación que pudiera ser comprometedora para altos cargos del partido después de que estallara el escándalo relacionado con sus papeles. Tras concentrarse en el Ministerio del Interior y en la Policía, el foco judicial alcanza de lleno ahora al PP, en un caso que no es un episodio más de corrupción. De emitirse una sentencia condenatoria, se trataría de una verdadera aberración democrática a través del uso abusivo y sistemático de instituciones del Estado para encubrir hechos delictivos de miembros relevantes del partido que, en medida relevante, ya han sido constatados en otros juicios. Estamos, pues, ante indicios creíbles, según el juez, de una grave perversión de la legalidad. Un delito de Estado.

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