Un año oscuro para Mikel Landa

Se marchó Contador hace un año en una imperial despedida del ciclismo en el Angliru y Mikel Landa se quedó solo como abanderado del pelotón español para grandes empresas. Los retos de envergadura no asustan al vitoriano, cuyo carácter vertiginoso se impuso en cuestiones de expansión y publicidad. Fichaje de altura, liberado de las presuntas cadenas del Sky que le impedían volar y soñar, lleva unos meses en el Movistar y el año empieza a tornarse oscuro. Séptimo en el Tour, protagonista su compañero Nairo Quintana (vencedor en Saint Lary) y no él, Landa renunció ayer a la Vuelta a España. Las secuelas de una mala caída en la Clásica de San Sebastián lo apartan de su segundo objetivo del curso.

En unas semanas se ha torcido el año para Landa. Dos costalazos consecutivos sellan una campaña, de momento, para no recordar. De la etapa del pavés del Tour el vitoriano se trajo una pequeña rotura fibrilar en los músculos intercostales que el fragor de la competición no habían detectado. En San Sebastián fue peor. Una vértebra lumbar y dos costillas rotas.

«Entre una cosa y otra, no ha podido entrenarse con continuidad y sin dolor», explica el médico del Movistar, Jesús Hoyos, a ABC. «Le molestaba todo, había cambiado la mecánica de pedaleo y empezaba a ir de regular a mal», añade.

El tiempo se echó encima para el ciclista vasco, quien intentó acortar plazos acudiendo al doctor eminencia de su ciudad, Mikel Sánchez, que ha tratado numerosas dolencias de Rafa Nadal y otros deportistas de primer nivel con su técnica del plasma rico en factores de crecimiento. Landa también se desvivió por llegar a la Vuelta a España visitando a los servicios médicos del Alavés, al equipo dirigido por el doctor Javier Barrio. «Fue un tratamiento intensivo», dice Jesús Hoyos. Fisioterapeutas y médicos no han podido cristalizar la pelea contra el tiempo. En dos semanas y media, no ha progresado lo suficiente como para encabezar al equipo que presentaba más favoritos a ganar la Vuelta (además, Quintana y Valverde).

«Hemos luchado por todos los medios durante estos 15 días para que pudiese alcanzar a tiempo un alto grado de recuperación, pero no ha sido posible… No se encuentra con suficientes garantías», analiza el mánager de la formación, Eusebio Unzué.

El Movistar le ha sustituido en su alineación de ocho corredores para la Vuelta (comienza el 25 de agosto en Málaga) por el ecuatoriano Richard Carapaz.

Un varapalo para Mikel Landa, cuyo rendimiento en su primer año como soporte del Movistar ha sido desigual. Una etapa en la Tirreno-Adriático, el segundo puesto en la general de la Vuelta al País Vasco y la dentellada al contraataque por los Pirineos en el Tour, furioso destello en el Tourmalet en respuesta al gobierno sin réplica del Sky, han sido sus puntos culminantes.

Induráin y otras voces autorizadas cuestionaron el trío de líderes que organizó el Movistar para atacar la supremacía del Sky en el Tour. Landa, que nunca se arrugó en sus pretensiones y expectativas, defendió su derecho a ser considerado jefe ante Nairo Quintana. Y en el equipo dicen que lo hizo sin malas artes, sin cuestionar las decisiones de los directores deportivos o de Eusebio Unzué.

Cuentan en el conjunto que no ha dado ningún problema y que el trato ha sido «normal» entre profesionales. A Landa le queda el resquemor de un curso oscuro, en el que no ha materializado el ímpetu con el que deslumbró en su pletórico 2015.

El Mundial

Hace años que un Mundial de ciclismo (30 de septiembre) no concitaba tanta ilusión entre los corredores españoles. La dureza del recorrido en el Tirol, en el circuito de Innsbruck (4.600 metros de desnivel acumulado y una ascensión -Hungerburg- con rampas del 25%), espolea no solo al especialista, Alejandro Valverde, sino también a Mikel Landa. El escalador vitoriano tiene un mes para recuperarse y convencer al seleccionador español, Javier Mínguez, con el que no ha vivido una gran sintonía en los últimos tiempos.

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