Tweed, el tejido rey del otoño

La mente humana trabaja por asociación constantemente y es por eso, por ejemplo, que solemos asociar países a unos colores determinados según sea su climatología. De esta forma, el sol del verano español nos evoca a los colores más vivos al igual que su duro invierno nos hace viajar al blanco con los países escandinavos.

Pero si hablamos de otoño, su paleta de colores está representada en su máxima expresión en Escocia, un lienzo en el que domina el gris del cielo encapotado, el verde intenso de sus prados, los tonos azules oscuros del mar y los destellos anaranjados de las hojas caídas. Es precisamente la misma paleta en la que se inspiran desde hace más de un siglo los artesanos de las islas Hébridas Exteriores para teñir la lana virgen de sus ovejas autóctonas y posteriormente tejerla con todo tipo de combinaciones. Es el proceso delicado que da lugar a uno al tejido lujoso más característico de la estación otoñal, el Harris tweed.

¿Sabemos qué es el tweed realmente?

Cuando hablamos de tweed no siempre llega el mensaje con claridad a la audiencia, que salvo que sea especializada no suele conocer de qué está hecho realmente este material. Porque no, no es como el algodón, el lino o la seda. Si hablamos de tweed lo estamos haciendo de lana, pero no de cualquier lana ni de cualquier proceso de producción a partir de esta materia prima.

El tweed original, el que puso de moda Coco Chanel en los años 20 en su vertiente femenina tras enamorarse de él en Escocia, por el que suspiran grandes firmas como Vivienne Westwood, Yves Saint Laurent o Alexander McQueen, ese con el estaba fabricada la americana que lució para la historia del cine Sean Connery en ‘James Bond: Goldfinger’, es único en el mundo y su origen está en el remoto conjunto de islas situado al norte de Escocia que hemos mencionado.

La más conocida es la isla de Harris porque da nombre al tweed de máxima calidad, el Harris tweed, con denominación de origen, ya que solo se puede producir por artesanos locales en Las Hébridas como definió el parlamento británico en 1993 y con lana 100% británica. Durante siglos, el tweed fue utilizado por los habitantes isleños con lana local y tintes naturales.

Fue a mediados del siglo XIX, con la expansión de la nobleza británica hacia estas tierras ideales para el tiempo de recreo y descanso, y con el empeño por comercializarlo de la propietaria de la isla de Harris de la época, Lady Dunmore, cuando el tweed amplió sus horizontes y se convirtió en el tejido de moda para la ropa deportiva y campestre masculina de la época porque entre otras características permite es muy resistente como ropa de abrigo y soporta muy bien la humedad, algo que en Escocia es el pan de cada día. Incluso hoy en día es el material preferido por muchos para sus uniformes más elegantes de caza y de pesca e incluso en los albores del automovilismo y de otros deportes como el tenis, el ciclismo y el golf a comienzos del siglo XX también tuvo un lugar destacado el tweed.

Los tonos marrones y verdosos suelen ser sus mayores exponentes
Los tonos marrones y verdosos suelen ser sus mayores exponentes – © Instagram

Del proceso de producción del tweed se mantienen casi todas las tradiciones originales, por lo que está considerado como un tejido de máxima calidad, y por eso es tan apreciado por los mejores diseñadores del mundo, especialmente los británicos. Los distintos acabados del tweed y sus variantes tienen que mucho que ver precisamente con el vínculo geográfico e incluso familiar, ya que en cada isla se tejía de una manera, y también cada familia solía distinguirse de otras por su forma de trabajar la lana, siempre teniendo muy en cuenta los colores del paisaje local en cada caso. En la actualidad, no solamente el Harris tweed de los Highlands escoceses se fabrica mediante un proceso artesanal, sino que también se produce así el Donegal, el otro tweed de gran calidad originario del archipiélago británico.

Lo que tienen todos los tipos de tweed en común más allá de su calidad es que siempre deben estar conformados por hilos de al menos dos colores, dando lugar a composiciones de apariencia y acabado irregulares en las que suele predominar uno de ellos, con puntos de otros tonos que son secundarios en el dibujo. Esta riqueza de colores permite que existan muchos tipos de patronaje, entre los que destaca el herringbone, en espiga, tal y como se le conoce en castellano por la traducción de su calificativo en inglés que hace referencia a su dibujo.

La ‘urbanización’ del tejido

Cálido, resistente y elegante, así es el tweed
Cálido, resistente y elegante, así es el tweed – Instagram

Al no haber perdido apenas su identidad original, el tweed se ha mantenido asociado en cierto modo a la estética campestre, aunque es cierto que también ha sido adaptado al mundo urbano con éxito gracias a la cultura hipster. Ésta lo transportó en los últimos años de nuevo a la primera plana de la moda callejera y los diseñadores se hicieron eco de ello. Este proceso de ‘urbanización’ del tejido lo ha alejado del traje completo, que cada vez es más un rara avis. En cambio, es mucho más habitual ver al tweed como protagonistas de abrigos y chaquetas -mayoritariamente blazers clásicas aunque también alguna bomber- o complementos como las gorras.

En este sentido, el tweed es un tejido muy demandado pero con el que apenas han experimentado caminos nuevos las grandes firmas, que prefieren destinarlo a diseños clásicos y poco arriesgados en general. Quizá su evolución ha estado más en la mezcla con otras materias primas como el cashmere que en aquello para lo que se ha utilizado. Eso sí, algunas casas que llevan el descaro en su ADN como Gucci sí se han atrevido a buscar la cara más divertida de este tejido clásico, y lo han conseguido por ejemplo con algunos mocasines maravillosos fabricados en tweed.

Cálido, resistente, elegante, cómodo y práctico. Así es el tweed, el tejido ideal para el otoño que nos hace viajar directamente hasta los Highlands de Escocia nada más verlo.

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