Tojkx: de cocineros a chefs o la obsesión por la autoría

Hace unos 1.500 años, aproximadamente, vivió una mujer llamada Koogere en una región del actual país de Uganda. Ella fue una sabia dirigente del pueblo basongora y en las narraciones de la tradición oral (yo prefiero llamarle tradición mnemónica porque su soporte es la memoria) las personas que custodian este corpus de relatos describían hasta hace poco el heroísmo y la sabiduría de esta mujer; además de los relatos, se recitaban adagios que recordaban sus enseñanzas y su vida. Las historias asociadas a Koogere y todas sus acciones que llevaron prosperidad a su pueblo pasaron así de una generación a otra custodiados por narradores expertos. Lamentablemente, esta tradición que sobrevivió cientos de años se encuentra actualmente amenazada como la lengua en la que viven estos relatos. Hasta hace poco quedaban poco más de cuatro maestros narradores. Estas creaciones poéticas en torno del recuerdo de una extraordinaria mujer como lo fue Koogere habitaban y se recreaban en colectividad, nadie podía decirse autor o autora de todo este corpus creativo de adagios y relatos, como nadie puede reclamar la autoría del Cantar de mio Cid. Son creaciones constantemente intervenidas y que, en el caso de este último cantar, han llegado hasta ahora en una sola de las diferentes versiones que seguramente existieron. La tradición mnemónica mixe existe en la memoria de muchas personas que pueden contarla y transmitirla a nuevas generaciones; cada una tiene versiones que van cambiando ligera o considerablemente entre sí, el corpus de nuestra tradición se está interviniendo constantemente y tiene en común con el Cantar de mio Cid y los relatos sobre Koogere la idea de que la autoría individual resulta irrelevante.

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